Mudanza y acarreo
Magnífica la idea de trasladar la Feria Internacional del Libro y la Cultura a la Ciudad Colonial.
El recinto de la Plaza de la Cultura donde se celebra desde hace años ha resultado inadecuado, incómodo, de difícil acceso, por su ubicación en la congestionada avenida Máximo Gómez.
La Calle Las Damas, incluyendo la Plaza España, es un lugar idóneo, rodeado de monumentos históricos y recintos testimoniales de nuestra historia y diversidad cultural.
Mejor locación no podía ser otra.
Ahora bien. Sería importante que el traslado de sede de la Feria del Libro conlleve un cambio en su conceptualización y montaje.
El éxito del evento no debe medirse solo en función de la cantidad de visitantes ni de las giras escolares que se hacen para participar en el mismo.
Tampoco en si se vendieron muchos o pocos libros.
La meta y los propósitos deben ser redefinidos sobre la base del concepto que le confiere singularidad a este encuentro cultural, que si bien es una feria, no debe ser convertido en un mercado persa.
Sabemos que no es tarea fácil evitar la bullunguería de quienes ven la Feria del Libro como el lugar del can y la chercha del momento para pasar el rato, y de paso comerse un kipe, un chimi o un pastelito, y donde los libros es lo que menos importa e interesa.
Pero hay que tratar, en lo posible, de adecentar esa feria, sin caer en populismos baratos, ni en marchantes vendedores de libros que se comportan como traperos del Mercado de las Pulgas.

