Apología de la sastrería
Es innegable que los géneros musicales urbanos han logrado un posicionamiento primario en el fervor del público joven, ante cuya impronta se le ha hace imposible a la Asociación de Cronistas de Arte mantenerse al margen o ignorar a sus más importantes figuras en la premiación de El Soberano.
Desde hace años forman parte de la premiación.
Pero Acroarte había mantenido como práctica la exclusión de la premiación de los artistas urbanos que incitan al consumo de estupefacientes, que emplean en sus canciones expresiones vulgares o que promueven la violencia de género.
Una actitud sana, en procura de defender y preservar valores morales, tan necesarios en la formación de los jóvenes que consumen los ritmos urbanos.
Sin embargo, debido a presiones en el medio, en el afán de estar a tono con encuestas que se han hecho sobre el premio, se ha visto en la necesidad de dejar a un lado las exigencias que imponen los reglamentos de El Soberano, y ha tenido una apertura total, sin parar mientes a conceptos ni principios éticos y morales en torno a los ganadores.
Y han surgido críticas y cuestionamientos, pues se entiende que Acroarte ha dado un paso en falso violando los reglamentos del premio, al premiar a ciertos urbanos cuestionados.
Las críticas encabezadas por la comunicada Mariasela Alvarez, han generado una controversia, que nos parece interesante, pues ella ha asumido el frente de crítica hacia las licencias que exhibió el premio Soberano en su más reciente entrega.
Mariasela está en su pleno derecho de ejercer la disensión con su opinión.
Pero, es una verdadera pena, que muchos que no están de acuerdo con la opinión expresada por ella, la estén rebatiendo con insultos, groserías, amenazas e irrespeto, como una expresión de la intolerancia con que se manejan ciertas personas del bajo mundo urbano.
Demuestran tener muy poco nivel los que crean y fomentan grupos de agresión a través de las redes sociales en contra de una dama.
La gente del medio artístico, y de la comunicación, deberían rechazar esos métodos, orillemos, rastreros, que se articulan para disentir y discutir, cimentados sobre una arrogancia barata, perniciosa y soez.

