¿Qué Pasa?

Arte nacional

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Joseph Caceres

La Fiesta del Diablo
Las autoridades allanaron un lugar donde se iba a celebrar una fiesta denominada “Lucifer Party”, o sea “La Fiesta del Diablo”, que estaba siendo promovida por un grupo de jóvenes., bajo el alegato de que no contaba con permiso y que «se iba a vender drogas» .

Aunque no estoy de acuerdo con ese tipo de celebraciones mefistofélicas, pienso que la prohibición no es más que una expresión de intolerancia y que ello atenta contra la libertad religiosa, de conciencia y de cultos.

El exceso, pienso, no ha sido de los organizadores de la actividad, sino de las autoridades de la Dirección Nacional de Control de Drogas y la procuraduría de la República.

Eso de la «Lucifer Party» lo veo más bien como una chercha, y no como una verdadera vocación de fe e intención de rendirle culto a Satanás.

Si alguien le está dando una verdadera promoción el Demonio, son las autoridades con ese tipo de acción tan exagerada y estrambótica, que se parece a las que en el pasado se adoptaban en contra de los grupos musicales de “heavy metal”, por alegadas iguales «razones diabólicas».

Nos imaginamos a los sectores religiosos ortodoxos que deben estar detrás de esa prohibición, que actúan sin parar mientes en que al Diablo hay que combatirlo con la prédica de la fe, y no tratando de “darle candela”.

Imagínese usted, dizque dándole candela al diablo para quemarlo…

Pero, por algo el Demonio es un ser “satanizado”. Nadie quiere saber del Diablo, y el que lo exalta debe ser llevado a la “hoguera”.

Fíjense que hasta en el gobierno de Hipólito Mejía hubo problemas con el Diablo, en el 2003, cuando unos locutores de Montecristi hicieron una encuesta que los llevó a la cárcel.

Se trataba también de una chercha, para ver quién sacaba más votos, si Hipólito o el diablo. El DIablo ganó con 65 votos, y 35 para Hipólito.

Una encuesta en una emisora regional no pasó desapercibida para las autoridades. ¿Saben por qué? ¡Porque se trataba de el Diablo el que había ganado!.

Mandaron a buscar presos a los locutores, nada menos que ¡en un helicóptero!, para que se vea la importancia que esa vez, y ahora, se le da al Demonio.

¡Vaya usted a ver!

Y pensar que en este mundo de los vivos, hay gente ¡más mala que el Diablo!, y andan sueltos…

El Nacional

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