Opinión

Asamblea ONU

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Para la clase médica internacional, lograr un espacio en la agenda de la  Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es un meritorio triunfo.

Las estadísticas que reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la mortalidad ciudadana y las enfermedades crónicas no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes)  son elocuentes.

Cada año, más de 36 millones de personas mueren como consecuencia de estas enfermedades,  que constituyen el 63% de la mortalidad mundial, dentro de ellas 9 millones mueren antes de los 60 años.

Más del 90% de esas muertes prematuras se producen en los países en vías de desarrollo, y el costo económico para su control tanto para el bolsillo del enfermo y sus familiares como para el sistema de salud de cualquier país constituyen un gran reto para la rentabilidad de cualquier sistema de seguridad social.

Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF)  en el boletín presentado recientemente en la reunión de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) en Lisboa, Portugal, existen 366 millones de diabéticos en el mundo, las muertes por esta enfermedad ascienden a 4.6 millones y el gasto de la atención sanitaria en diabetes se considera llega a los 465.000 millones de dólares, amén de que cada siete segundo muere una persona por la diabetes.

El mensaje final es estas cuatro enfermedades en gran medida “pueden prevenirse” con campañas dirigidas a lograr una reducción en el consumo de tabaco y en el uso  del alcohol, programas de educación  para evitar las “dietas inadecuadas y milagrosas” e incentivar una guerra contra el “sedentarismo”,  principales factores conocidos desencadenantes de estas enfermedades. En este país, con poco esfuerzo y un bautizo de “voluntad política” podremos enfrentar la situación.

El Nacional

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