Transitaba las madrugadas y mañanas ardientes lluviosas y sombrías regando el matutino El Día en calles, callejones y fangales con anhelo de trabajo en la frente, y murió como persona honrada. Se trata de Ariel Holguín, de 19 años, quien, ajeno a la tragedia, fue emboscado en la avenida José Contreras con Máximo Gómez por cuatro asaltantes y, al resistirse a entregarles la motocicleta que conducía, estos canallas lo asesinaron de cuatro balazos.
La Valentía de Ariel impidió que sus asaltantes se llevaran la motocicleta. En la mañana del martes 3, la vía fue manchada por su sangre. En 3 ocasiones anteriores, Ariel había sido atracado, pero, creyente en Dios, continuaba su transitar, y con lo poco que ganaba mantenía a su esposa embarazada, una niña, y ayudaba a sus progenitores.
De los 4 criminales, hay uno preso en La victoria, y éste se burla, se ríe, como Satán maledicente, y dice que no lamenta nada.
El procurador adjunto que lleva este caso debe profundizar las investigaciones y apresar a los otros 3 criminales que gozan de libertad y quizán han cometido ya otros hechos.
El inmortal del deporte don Yayo Rosario Galán, hombre de nobles sentimientos y montaña de honradez, me narra parte de esta historia, pues un hermano de la víctima labora con Don Yayo, quien acude al velatorio de Ariel y me refiere que al estar allí, con dificultad pudo bajar la cuesta peligrosa de Las Palmas de Herrera, llegando a un hoyo, a una casita humilde.
Al ofrecer el pésame a Robín, hermano fiel de Holguín, éste, con sus ojos lleno de lágrimas, voz tímida y a veces con soberbia me expresa la rabia y la angustia. Dice que le martiriza saber que los asesinos de su hermanito andan sueltos y solo hay uno preso, y los otros transitan por las calles como nada.
Robín, como si fuese estudiante de derecho, refiere que los tres que están sueltos son cómplices, dado que participaron del hecho y andaban juntos. Ojalá haya justicia por qué aquí hay muy poca, ojalá pueda decir que me equivoqué.
Miré a Robín con sus ojos y manos implorando al Cielo, y los míos se humedecieron, se aceleraron el tita del corazón, pensando en Omar Khayyam, al decir: Toda la humanidad rendiremos cuentas ante el Creador y pagaremos nuestras culpas.
Los padres de Ariel están sufriendo la tragedia desesperados y en llanto, igual que sus hermanos, Juanita, Yahaira, Sorángela, Zoila, y Robín, en la tiniebla infinita de la impotencia, pensando y soñando en Ariel, a quien ya no volverán a ver ni a escuchar sus frases, sonrisas, historias y vivencias juveniles.
La destacada jurista Damaris Holguín ostenta la representación del actor civil, en nombre de la familia del fenecido, a quienes hemos ofrecido sumarnos a ella, en reclamo de justicia, mientras tanto, contamos con don Yayo prohombre del deporte y la moral.

