POR Francisco Dorta Duque
Especial para El Nacional
La febril y extenuante lucha de los productores de cebolla de la laboriosa comunidad rural de Baní se escenifica en estos días al igual que hace cuarenta años cuando la palpé como funcionario de la Secretaría de Agricultura.
El problema se torna angustioso porque la cebolla es una hortaliza altamente perecedera. Y así pierde peso día a día por efecto del calor del sol que deshidrata el bulbo rápidamente y llega aun a podrirse en las propias manos del agricultor antes de venderla.
Cavilaba yo en estas contrariedades con un Listín Diario en las manos que denunciaba el malestar de la comunidad agrícola banileja cuando recibí la llamada de un amigo comerciante, hoy interesado en medios de comunicaciones, con la solución en ciernes. La recién promulgada entonces, la ley de Fomento Agropecuario, autorizaba entre otras cosas, la importación, libre de gravámenes, de equipos que condujeran al desarrollo agrícola.
Yo sabía de la capacidad genial de mi amigo, pero no esperaba su certera propuesta en mercadeo agrícola tan ajena a su quehacer.
En concreto me solicitaba un permiso de importación sin gravámenes de un frigorífico que almacenara cebollas a un precio satisfactorio para el agricultor al tiempo de la cosecha para después venderla paulatinamente a los consumidores e intermediarios.
De inmediato elevé la solicitud aun sin papeles por la confianza en la persona pero lamentablemente no fue aceptada. Primó el concepto de que el beneficio del producto agrícola debe ser sólo para el agricultor ¡Cuánta estrechez de mente!
Dando vueltas al criterio de almacenamiento y hablando con un productor de cebollas surgió la idea de traer tela metálica y, con palos del monte, construir rústicos almacenes cerca de la cosecha para mantener aireadas y frescas la hortaliza recién sacada de la tierra.
Me dirigí a las cooperativas de productores de cebollas en Fundación de Sabana Buey, Juan Caballero, Boca Canasta y Matanza, que yo recuerde, todas en la laboriosa y productiva región agrícola de Baní, poblada de esforzados descendientes de inmigrantes canarios.
No entiendo por que la desazón aturde de nuevo a los productores de cebolla de Baní porque aquel experimento fue exitoso entonces.
Parece que el proyecto del frigorífico de INESPRE que seguiría a los almacenes en el campo no se llevó a cabo.
Pero, puedo decir que aquel día nació INESPRE; comprar al momento de la cosecha a precio rentable, almacenar el producto especialmente perecedero y después venderlo a distribuidores que lleven el producto al consumidor. La idea de mi amigo comerciante.
El secretario de Agricultura, licenciado Fernando Álvarez Bogaert acogió el planteamiento con fervor y obtuvo de inmediato la anuencia del Presidente Balaguer. Se nombró una comisión técnica para elaborar el proyecto de ley y obtuve de inmediato todo el apoyo financiero necesario de la AID. Recuerdo que llevé el proyecto de mi mano terminado a mano del doctor Tobías Albaball, asesor agrícola del Poder Ejecutivo.
Introduje dos sugerencias: primera que un representante de la asociación de empresarios agrícolas fuera miembro del Consejo de Administración porque podría con sus intenciones ayudar en las decisiones de una institución que era relativamente una empresa pública de mercadeo.
La selección de la asociación fue desdichada porque fue una agropecuaria y no agrícola que aportó muy pero. Otra sugerencia fue que el INESPRE pudiera importar en momentos de escasez. En la práctica también resultó negativa. Porque como yo sabía que la producción agropecuaria sufría y sigue sufriendo de los altos costos de producción, sobre todo, si al final el gobierno las subsidia, como ocurre actualmente; y también que los productos escasean de vez en cuando añadí un artículo al proyecto técnico que facultaba al INESPRE para rellenar cualquier déficit nacional con importación de productos del exterior.
Y esa fue en parte y en la práctica la derrota del INESPRE y el alza estruendosa de la prima del dólar.
Porque sus directivas convirtieron al INESPRE en una agencia de importación con la alegría de los importadores tradicionales de muchos otros que se iniciaron con el entusiasmo en la lucrativa importación de productos agrícolas de consumo.
El INESPRE importaba valiéndose de divisas del Banco Central en tal monto que llegó el momento en que el Presidente Balaguer prohibió esa práctica y dispuso que el INESPRE accediera al mercado libre lo que ocasionó que el costo de la prima se incrementara notablemente hasta el día de hoy.
Dado todo lo que ha costado INESPRE en todos estos años tal vez hubiese sido una mejor decisión atender la iniciativa de aquel brillante empresario privado que sugirió, dentro de la ley, importar un frigorífico para almacenar cebollas.
Hoy, cuarenta años después, los laboriosos banilejos productores de cebolla y descendientes de esforzados inmigrantes canarios, no estarían como están hoy y estarán el próximo año contemplando como se deshidratan y aun se pudren sus inmejorables cebollas en sus propias y endurecidas manos.

