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Atención a los  transgénico

<P>Atención a los  transgénico </P>

Nuestro país, por medio de productores nacionales acaba de suscribir un convenio de uso de semillas transgénicas de la llamada firma Monsanto y sus compañías que se encargan de cambiar de rostro para vender sus semillas sustitutas de semillas locales en todos los países del mundo.

Este evento que ha sido muy poco manejado por la prensa nacional merece ser aclarado científicamente en el país y poner en manos de

Las autoridades ambientales y de agricultura elementos de juicio más que suficientes para frenar la amenaza antes de que sea tarde para la biodiversidad nacional y sobre todo a semillas de origen nacional que se verán afectadas con este proceso de compañías multinacionales que pretenden con otros nombre industriales penetrar el mercado local, negado en Europa, argentina, Méjico y otras naciones latinoamericanas desde hace unos años.

Veamos el proceso y como ha sido rechazado en el mundo; Con el último producto estrella de su tecnología, Monsanto desmiente su pretensión de acabar con el hambre en el mundo.

Muy al contrario, esta tecnología amenaza con socavar las bases más profundas de la agricultura tradicional, esto es, la práctica de guardar semillas de una año para otro.

Más aún, este «cóctel genético» aumentará el riesgo de que nuevas toxinas y alérgenos se introduzcan en la cadena alimentaria.

En 1860, cinco años antes de que Abbé Gregor Mendel publicara su oscuro volumen sobre la genética de los guisantes, iniciando lo que se llamaría la mejora de plantas «moderna», un tal Major Hallett, F.L.S., de Brighton, estuvo advirtiendo a los agricultores y a los vendedores de semillas de que cualquier abuso en la utilización de sus semillas seleccionadas para cereales «sería tratado con severidad».

Pero sus semillas no podían patentarse y había poco que él pudiera hacer para evitar que los agricultores compraran sus variedades de trigo, las cultivaran, seleccionaran las mejores semillas para la siguiente temporada y desarrollaran sus propias variedades, especialmente adaptadas a los suelos, orografía y climatología locales.

No fue hasta 1908 que George Shull dio con lo que Major Hallett realmente quería, un arma biológica para evitar que los agricultores guardaran y desarrollaran sus propias semillas.

Se llamó «hibridación», un maravilloso eufemismo que hizo pensar a los agricultores que cruzando dos plantas lejanamente emparentadas, podría crearse un «vigor híbrido» capaz de mejorar las cosechas, hasta el punto de hacer que la esterilidad de la semilla resultante, lo que significa que no puede ser replantada, fuera rentable económicamente.

Prácticamente cada espiga de maíz cultivada desde California a Kazajastán, es un híbrido controlado por una de las multinacionales de semillas que dominan el mercado.

Exactamente 90 años después de la revelación de Shull, Monsanto, una de las mayores y más poderosas de esas compañías, está luchando por el control de la tecnología más importante en el monopolio de las semillas desde la aparición de los híbridos.

Pero a diferencia de los que ocurrió en 1860, esta forma de control de la vida puede ser patentada.

En este estudio, en el que se analizaron muestras representativas de las semillas más utilizadas por los agricultores norteamericanos, se detectó que entre un 50% y un 85% de las variedades convencionales de maíz vendidas en EU estaban contaminadas por ADN transgénico en un porcentaje de entre un 0,05 y un 1%, equivalente a 6.250 toneladas de semillas transgénicas esparcidas por los campos de los agricultores que rechazan los transgénicos.

La superficie cultivada con maíz transgénico en EU en 2002 era aproximadamente una tercera parte del cultivo de maíz total.

La diferencia fundamental entre una planta cultivada de forma tradicional y una modificada genéticamente es que, en esta última, el material genético de una especie de planta, bacteria, virus, animal o pez es literalmente insertado en otra especie, con la cual nunca podría cruzarse de forma natural.

El uso de estas técnicas hace surgir, me parece a mi, consideraciones cruciales de tipo ético y práctico.

Hagamos valer nuestros derechos y sobre todo debemos alertar a nuestras autoridades sobre este fenómeno que está a la puerta de un factible desastre ambiental de incalculables consecuencias, no solo para el país, sino para cualquiera que se encuentre cerca en cuanto a producción y consumo.

El Nacional

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