Hace varias semanas que la oficina local de la organización internacional Project Hope se mostró alarmada por la cantidad de muertes neonatales o maternas anotadas, lo que atribuía, entre otras causas, a la baja calidad de la atención médica. Para colmo o vergüenza, el ochenta por ciento de los casos de muertes, dijo, eran de casos que pudieron salvarse.
Recientemente, el coordinador en el país de la ONU, junto a parte de su equipo de trabajo, fue entrevistado por la prensa del Grupo de Comunicaciones Corripio, reseña publicada el jueves doce de enero, y llamó la atención sobre la mala calidad en la atención sanitaria, lo cual –dijo el grupo- se refleja en los datos de la mortalidad neonatal y materna.
Veamos lo esencial del mensaje. Lorenzo Jiménez de Luis, coordinador residente, observó que con mera voluntad política no se llega lejos. Hay que ir un “poquito más allá”.
En otras palabras, hay que ir más allá de las palabras, ir a los hechos, a decisiones firmes, lo que para mí constituye una evidente crítica. El camino del Señor está lleno de buenas intenciones.
Rosa Elcarte, de UNICEF, quien también participó del almuerzo, nos dice que en los últimos veinte años la mortalidad neonatal sigue igual, coincidiendo con Project Hope en el sentido de que se trataba de muertes evitables y reafirmó que hay una baja calidad de la atención médica. En tanto, Alma Morales, representante de la OPS en el país, le pone la tapa al pomo cuando enfatiza en que es muy difícil cambiar un indicador “haciendo más de lo mismo”.
La representante del Fondo de la Población (UNFPA), Sonia Vásquez, ¿qué plantea? Primero, que debe fortalecerse el sistema nacional de estadísticas, pero algo más grave y sugerente, que el 27 porciento de las muertes maternas corresponden a inmigrantes, es decir a haitianas. ¿Habrá baja calidad o desatención por tal condición? ¿Por qué eran mujeres haitianas?.
Hay datos suficientes para plantearnos una revisión del sistema nacional de salud e igualmente para que trabajemos en una revisión de nuestras políticas públicas en materia de salud.
Ese enorme aparato que constituye el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, ¿cuántas veces ha sido intervenido o se ha tratado de provocar cambios a través del Banco Mundial y/o del Banco Interamericano de Desarrollo, es decir con préstamos y asesorías?.
Quizás hemos perdido la sensibilidad o el interés o nos hemos cansado. Tal vez la sociedad entiende que se ha hablado mucho y poco es lo que se hace. Cuando este equipo de personas de las Naciones Unidas subraya que nuestro sistema de atención sanitaria es de baja calidad, deberíamos mostrar una mayor preocupación. Es la mirada del exterior respecto de nosotros.

