Uno de los grandes atributos que puede tener político alguno es la capacidad de escuchar a los demás. Y el presidente de la República, licenciado Danilo Medina, puso su oído en la voz del pueblo, que rechazaba el desproporcionado gravamen a la placa de los vehículos, para tomar la justa decisión de postergar ese impuesto para el año entrante.
El gravamen a los vehículos de motor, ascendente al 1% de su costo, incluido en la Ley de Reforma Fiscal, que entró en vigencia al iniciar el año 2013, halló amplia desaprobación en la opinión pública, en la medida en que se acercaba la fecha de pago del marbete. Se convirtió en un impuesto odioso.
Es probable que al presidente Medina le haya remordido la conciencia, convencido de que no es a la población que le toca pagar el inmenso hoyo fiscal dejado por Leonel Fernández, sin tomar ninguna iniciativa judicial, en vista de que el nombre del propio jefe de Estado pudo salir a relucir en los gastos de la multimillonaria campaña electoral del 2012.
La carga tributaria de la población es muy elevada. Se impone un aumento de sueldos en los sectores público y privado, como forma de compensar la inflación. Ese aumento podría sostenerse parcialmente mediante un sustancial recorte de los salarios y demás gastos de los funcionarios gubernamentales, que se desenvuelven en un ambiente de despilfarro.
La reforma fiscal no tenía razón de ser, porque lo que procedía era el castigo a los responsables del agujero, tal y como se demandaba en muchos círculos de opinión. De todos modos, el presidente Medina tiene la oportunidad de reivindicarse y tomar medidas sociales y económicas que aminoren los efectos de la inflación.
Hay que reconocer y saludar su decisión de postergar, para el año entrante, el aumento a la placa de los vehículos de motor. Es una medida atinada. Gobernar significa rectificar, dijo Confucio. Y el presidente Medina da muestras, en ocasiones, de humildad y prudencia.
