Opinión

Atrévase a ponerse la toga

Atrévase a ponerse la toga

Mucha gente ignora que a más de un año de haber asumido el cargo, el fiscal del Distrito Nacional no se ha puesto el birrete púrpura para defender un solo expediente de su jurisdicción. Cabe suponer, pues, que cuando planta el asta de su bandera arriada o censura una decisión de un juez de instrucción o de un tribunal de fondo, no parte del firme convencimiento que apareja la instrucción de un juicio, sino de las informaciones que le suministran sus ayudantes.

Es su derecho estar en desacuerdo con cualquier resolución o sentencia, pero, indudablemente,  eludir su deber de sustentar ante los tribunales las posiciones que mantiene frente a los flashes fotográficos, lo despoja de autoridad ante la opinión pública. Y que conste que no son pocas las veces que el fiscal ha manifestado su inconformidad, sin dejar nunca de poner en tela de juicio la integridad de jueces, acaso como si él o sus colaboradores fuesen dueños de la verdad absoluta.

La desaparición de Sobeida no debe precipitar a nadie a levantarle la horca a una juez de instrucción cuya resolución no rebasó las facultades que le reconoce el Código Procesal Penal. Tampoco debe llevarnos al engaño de suponer que el régimen judicial es permeable, pues salvo muy contadas excepciones, los jueces penales han demostrado ser más competentes y probos que muchos fiscales adjuntos, que por obediencia política o por un puñado de pesos, se prestan a acusar a cualquiera sin asomo de pruebas. De ahí que antes de invitarnos a ver la paja en el ojo ajeno, el fiscal deba verse la viga enquistada en el suyo, pues demasiado evidente es. Y si me permitiese otro consejo, le sugeriría que desempolve la toga, se la ponga y se atreva a asumir sobre los estrados la defensa del interés público que se vanagloria de resguardar con tanta fascinación en los medios de comunicación.

El Nacional

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