Opinión

Atropellos y vindicta

Atropellos y vindicta

Investido en su legítima autoridad constitucional y moral, el presidente  Leonel Fernández Reina, mediante decreto del pasado 16 de agosto declaró el retiro de altos oficiales de la Policía Nacional, lo cual, aseveramos, no fue sugerencia del actual Jefe Policial, licenciado José A. Polanco Gómez, sino de algunos colaboradores o allegados que se piensan eternos.

Creemos que quienes solicitaron  dicha medida, no pensaron en el daño que hacían con ello al Presidente,  a la nación y a la institución  del orden, pues fueron echados en un mismo saco todos, sin individualizar, sin valorizar la  entrega a la patria, de hombres cuyas edades oscilan entre 40 y 53 años.

Sin lugar a equívoco, se trata de golpeo, venganzas, malquerencias, vindicta, rencores,  encono y revanchismo personales,  contra el ex  jefe, ingeniero Rafael Guillermo Guzmán Fermín,  quien dirigió la Policía Nacional apegado a los lineamientos del Presidente, y no se dejó narigonear de sectores externos, que aspiraban mandar en la institución del  orden a su capricho. Este fue tal vez el único delito no sancionable del ex jefe, el cual  ha expresado que asume la responsabilidad de su gestión y el reto por lógica consecuencia,  y  pensamos que esta cizaña surgió porque algunos de estos en retiro, estaban señalados a ocupar la jefatura más temprano que tarde.

Aquellos enquistados en las ramas del poder, no piensan que éste es pasajero como el viento, y quien escupe hacia arriba, le puede caer la saliva en el rostro, y así como refería el civilista Ulises Francisco Espaillat: “Mientras mis adversarios me creen bajo el sepulcro, yo me levanto y os digo que aún estoy de pie sobre la cumbre”.

Sin lisonjas, es posible que el amigo presidente Fernández  piense en Aristóteles al decir: “Un Estado está mejor gobernado por un hombre bueno, que por una buena ley”.

La nación ha perdido a una pléyade de valerosos hombres del uniforme gris, en pleno vigor y facultades para continuar luchando en defensa de los supremos intereses nacionales, quienes enfrentaron el secuestro, sicariato, narcotráfico, crimen organizado, minimizando estos fenómenos para no convertir al país en la tragedia dolorosa que hoy vive el glorioso pueblo  mexicano. Al doctor Leonel Fernández,  hombre de extraordinaria visión, prudencia, inteligencia, diestro en las  cuestiones de Estado, nos permitimos sugerir con todo respeto la revisión del decreto en cuestión, ponderando su derogación en parte, a favor de los  oficiales generales que no han hecho para estar allí más que ser leales al país, a su gobierno y a su jefe inmediato, porque  ser responsable genera  grandeza en el hombre, aun en medio de tinieblas y tempestades.

Los Artículos 122, 128 de la Carta Sustantiva, en su literal e, y el articulo 255, así la parte central del artículo 96 de la Ley Institucional 9604 clarifican acerca de nuestra verdadera inquietud y sugerencia al Presidente; y el articulo 34 de dicha ley postula que los miembros de la Policía Nacional  son servidores públicos.  Un decreto deroga, modifica, sustituye y deja sin efecto otro decreto.

“No atropello, venganza ni vindicta.  Cuidado con el mañana”.

El Nacional

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