Juan Pablo Duarte, Patria, si viviera hoy contemplaría a la República que liberaste del yugo y la opresión de 22 años, junto a Sánchez, Mella, Duvergé, los trinitarios y otros ciudadanos excelso, te resistirías a la metamorfosis, irrespeto y olvido a tus idearios y memoria sacrosanta.
¡Ay Duarte patria!, ahora contemplarías a quienes guardan silencio y tantos apoyando la emigración ilegal, invasión continua de nuestro territorio, criticando sin razones en vez de apoyar al distinguido Director de Migración, doctor Sigfrido Pared Pérez, quien, amparado en la Constitución y la ley, actúa con prudencia, cumpliendo deberes y así los pocos que sustentan postulados nacionalistas, como el destacado jurista y congresista doctor Pelegrín Castillo, editoriales comentarios valientes de medios informativos, opiniones de varios periodistas, artistas y ciudadanos preocupados.
¡Ay Duarte! Se continúan marchitando hasta la fecha sagrada de tu nacimiento, el 26 de enero. ¡Y no es ésta una herida a tu recuerdo imperecedero!.
Ay, Duarte, y te llevamos tantas bellas flores como te mereces, aunque ello es muy poco, pues sería más grandioso a tu figura inmortal, que todos los verdaderos dominicanos, gobernantes y gobernados, supiéramos venerarte y honrarte más, cumpliendo con los preceptos, ejemplos y normativas que dejaste, cual llamada inextinguible en vez de rememorar tu estirpe con tintes pasajeros. Tus sabios ideales, enseñanza encarnada en el patriotismo que se está perdiendo, honestidad, amor, verdad, respeto a la simiente, la constitución y leyes de la mortalidad pública y privada, sabia nutricia de tu vistosidad augusta.
Y así, Duarte, a quienes continuamente vulneran tu deidad, practicando la doble moral social, que lean y asimilen la histórica carta que desde tu oprobioso exilio en Caracas, fechada 2 de mayo del 1868, dirigiste a tu entrañable amigo, gloria del derecho licenciado Félix María Del Monte, cuyo final dice: Sí, caro amigo, trabajemos sin descansar, no hay que perder la fe en Dios, en la justicia de nuestra causa y en nuestros propios hijos, pues nos condenaremos por cobardes a vivir sin patria, que es lo mismo que vivir sin honor….
Trémula de nostalgia, y desde el exilio también en Caracas, tu ilustre hermana Rosa Duarte, escribió a uno de sus amigos lo siguiente: Duarte en nombre de tu ilustre familia, preferiste el amargo pan del destierro al festín de Baltazar.
El brillante periodista Miguel Angel Garrido, cuyo nieto del mismo nombre laboramos en la biblioteca de la universidad de Santo Domingo, exalta al patricio así: Tu gloria, oh Duarte, no tiene eclipse, padre de la patria en la cruzada de la Independencia, erguido en la cruzada de la Restauración, bajaste a la tumba como un sol en llamas que se hunde en el abismo, dejando a tus hermanos en la miseria; ellos que fueron ricos y ofrendaron a la patria sus riquezas, legándole como único patrimonio la locura y el hambre y la eterna impiedad de sus conciudadanos, mas grande que tu ni la patria misma, iba a exclamar entusiasmado desde tu sepulcro.

