No arrojes piedras en la fuente de la que has bebido”, dijo un pensador llamado Virgilio. Pero es que “El agradecimiento es una carga y la gran mayoría tiende a librarse de ella”, dijo Diderot, otro gran pensador.
La experiencia indica que los jefes de Estado no tienen tantos amigos como se piensa. Tienen lealtades circunstanciales. Durante la tiranía trujillista la mayoría de los dominicanos aprobó al régimen. ¿Cuántos quedaron siendo trujillistas a partir del 30 de mayo, con la merecida muerte del déspota? El primero en ir a los organismos internacionales a acabar con Trujillo fue Balaguer, colaborador de primera línea, hombre de confianza del dictador.
Balaguer gobernó, en su primera etapa, de 1966 a 1978. Fue un gobierno abusador y criminal, lleno de calieses, adulones y alabarderos. También fue un gobierno corrupto. El mismo Balaguer anunció el surgimiento de 300 nuevos millonarios. Pero con la salida de Balaguer del poder, en 1978, ¿cuántos quedaron siendo balagueristas?
Hipólito Mejía gobernó del 2000 al 2004 y ningún presidente ha sido tan apoyador de sus colaboradores. No cambiaba funcionarios. De esos ministros y antiguos jefes militares ¿cuántos están al lado de Mejía? Empero, el caso más espectacular ha sido el de Danilo Medina con Leonel Fernández.
El actual presidente fue ministro de la Presidencia de Fernández en dos oportunidades. Danilo era del mismo círculo de intimidad en que estaban Díaz Rúa, Félix Bautista y otros destacados miembros del lodazal peledeísta.
Con lo que se ha visto en el escenario político continental y, particularmente, en la República Dominicana es para que todo el que se respete un poco se aparte de la política partidaria, que es lo mismo que apartarse del oportunismo, trepadurismo, falsas lealtades e ingratitudes. Apoyar a la presidencia a alguien, inclusive al supuesto mejor aliado, es exponerse a la construcción de un monstruo que termina convirtiéndose en tu verdugo.

