Opinión

Banalidad política

Banalidad política

Ramón Rodríguez

El sustantivo banalidad adquiere verdaderamente connotación »conceptual», cuando la filósofa alemana: Hannah Arendt lo introdujo en su archifamoso libro: »Eichmann en Jerusalén». En dicha obra, la teórica y política hace uso de la expresión que se debatió en todas las tertulias políticas y fue objeto de interminables debates hasta la fecha: » La banalidad del mal».

La intelectual que luego adquiriría la ciudadanía estadounidense, aseveró que Adolf Eichmann, aquel criminal de guerra, responsable de acciones abominables contra millones de judíos, en lo que los historiadores han llamado:

La solución final, no era un vulgar asesino antisemita, sino que era parte de un sistema, al cual él debía obediencia total. La frase ha adquirido histórica relevancia, dado la calidad de la pensadora alemana y al hecho de que a ella le correspondió cubrir como periodista todo el proceso judicial que culminó con la horca de Eichmann el 31 de mayo del 1962. Al polémico tema se sumó, los idílicos amores de Hannah Arendt con el genial filósofo, Martín Heidegger, cuya afiliación al partido nazi ha sido una mancha indeleble, dado su grandeza en el mundo de las ideas.

Yo espero que muy pronto se comience a escribir críticamente sobre la banalidad de la política en nuestro país. Es tiempo de que constitucionalmente existan requisitos que limiten la entrada a cargos públicos de personas sin la capacidad para el mismo.

Es penoso que nuestros niños y jóvenes tengan que escuchar a algunos de nuestros diputados, decir: haiga por haya, habrán por habrá, han habido, por ha habido, y un sinnúmero de expresiones mal empleadas que desdice mucho de una ciencia tan exigente como la Política. Poner la suerte del país en las manos de políticos incompetentes es una responsabilidad de la misma clase política, pues si bien es cierto que abundan los analfabetos de pies a cabeza, no es menos cierto de que hay mentes brillantes entre ellos.

Nunca está de más recordar al gran sociólogo y economista Max Weber, quien en la »La política como vocación» desarrolló toda una tesis de la responsabilidad social de quienes se dedican a ejercer la política en su carácter de ciencia.

El Nacional

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