Barcelona, Madrid, (BBC Mundo). La llovizna que empezó a caer sobre Barcelona alrededor de las ocho de la noche no detuvo a los culés (aficionados del Barça), que acudieron, fieles, a su cita con el clásico en el lugar de siempre: el bar de la esquina.
Cuando Xavi abre el marcador, la celebración eriza. El público le tiene simpatía y, como no es un goleador, que él abra el marcador parece un augurio de lo que está por venir. Y vino.
El gesto contrariado de Mourinho ante el tanto de Pedro desata una carcajada casi unánime y algún insulto.
Los insultos se repiten cuando Cristiano Ronaldo le da un empujón a Guardiola por no entregarle la pelota, aunque en medio del griterío se adivina algún suspiro por el impresionante físico del delantero portugués.
Messi sale solo al contragolpe y los 80 contertulios que atestan mesas, barra y pasillos del bar le gritan ¡pásala, pásala!, sin tomar en cuenta que están a 15 kilómetros de cualquier posibilidad de que el argentino les escuche.
Tres goles y el bar se convierte en un mar de brazos alzados.
Cuatro, y la gente, absolutamente rendida ante este Barça que se antoja invencible, pide ¡otro, otro, otro! con entusiasmo.
Baja el ritmo, y los blaugrana empiezan a triangular en el centro del campo. Cada pase es coreado con un rítmico ¡oooleeeee! de quienes se olvidan que en Cataluña están prohibidas las corridas de toros. Algunos aprovechan para ir pidiendo la cuenta.
Pero sucede lo increíble y Casillas es abatido por quinta vez. Locura es una palabra que tal vez se quede corta. Segundos después, la agresión de Ramos a Puyol es reprobada con un amplísimo repertorio de procacidades hasta por los pocos niños presentes.
Suena el silbato final y arranca la celebración. El himno del Barça con arreglos de cuchillo y tenedor y percusión de mesa. En toda Barcelona, comienzan a estallar petardos.
«Más que con el resultado me quedo con cómo lo hemos logrado», dijo el técnico del equipo azulgrana después del 5 a 0 frente al Real Madrid.
«Poder competir de este modo con un equipo tan bueno, que históricamente es el que más ‘Champions’ ha ganado, que este año había arrasado, que estaba imbatido en la Liga y en Europa, me llena de gozo», agregó.
Madrid, ciudad fantasma
El triunfo del Barça y el frío han hecho que este lunes Madrid pareciera una ciudad fantasma. Desde temprano la gente se atrincheró en los bares con televisión de pago esperando que Mourinho le enseñara los colmillos a Guardiola pero éstos nunca se asomaron.
«Es una vergüenza pero han jugado muy bien. Hace tiempo que no veía jugar a un equipo como el Barça. Y Messi es el mejor jugador del mundo y sencillo, buena gente. No como Cristiano o Mourinho, son unos bocazas», comentaba a BBC Mundo un hincha del Real Madrid después de que Villa anotará el tercer gol del equipo catalán.
En los bares del centro de Madrid todo era suspiros y tensión mientras afuera caía una lluvia tupida y el termómetro marcaba los 0 grados.
Era tan poca la gente que deambulaba por las calles que hasta el enorme árbol navideño de luces que se ha plantado en la Puerta del Sol, fue desconectado.

