Opinión

Benedicto XVI, un gigante

Benedicto XVI, un gigante

El Papa Benedicto XVI ha sorprendido a toda la humanidad con su inesperado anuncio de que se dispone a dejar la “sede vacante” a partir del día 28 del presente mes de febrero.  Al escuchar la noticia resulta inevitable que lleguen a nuestra mente diversas interrogantes tales como las siguientes: ¿Está enfermo el Papa?  ¿Estará hastiado o decepcionado por las inconductas de algunos sacerdotes, las cuales se han hecho del conocimiento público de un tiempo a esta parte?  ¿Será una estrategia del Sumo Pontífice destinada a provocar que los jerarcas de la Iglesia le pidan que reflexione y que desista de la idea? ¿Se puede renunciar de la Cátedra de Pedro? ¿No es obligatorio el fallecimiento del Papa para que se pueda convocar un Conclave y escoger un sucesor de acuerdo al derecho Canónigo? ¿Necesita el Papa que su renuncia sea aceptada por el Colegio Cardenalicio para que la misma pueda entrar en efecto con legalidad?

La respuesta a estas interrogantes en la misma: No. Esa es la respuesta: No.

Benedicto XVI tiene el mismo derecho que el último Pontífice que presentó su renuncia al cargo, que lo fue el Papa Gregorio XII en el año de 1415, hace exactamente 598 años.

 El antiguo Cardenal alemán Joseph Ratzinger, quien fuera escogido en el año 2005 como el Papa número 265 en la sucesión del Trono de San Pedro,  y quien en la ocasión se autoimpuso el nombre de Benedicto XVI para su Pontificado, ahora con 85 años de edad, al sentir menguar las fuerzas, ha optado como maestro, como guía espiritual y como referente para la postrimería por el camino angosto y estrecho que Jesús de Nazaret señaló como el camino correcto.-

 Un hombre comprometido con su oficio de pastor de almas, un filósofo de larga data y de grandes aportes a la Iglesia Católica, un “hard liner” (de línea dura) de la doctrina dentro del complejo mundo del Vaticano, ha dado un paso al frente y ha comunicado eficientemente, de manera meridiana, a miles de millones de personas, al través de cientos de periódicos, estaciones de televisión, emisoras de radio y redes sociales en todo el mundo, que el ejemplo entra por casa y que El con su decisión está en disposición de dar ese ejemplo.

 Al sustituir al hoy Beato Papa Juan Pablo II en el año 2005, quien fuera un líder inteligente, carismático y dulce que a todos nos interpelaba con su hermosa sonrisa, con su entrega y sacrificio hasta los últimos días de su brillante Pontificado, no faltaron opiniones que llegaron a poner en dudas la capacidad que el nuevo Papa Benedicto XVI tendría para llegar a calzarse con éxito las sandalias del Pontífice Polaco fallecido, pero ahora desde las insondables profundidades de su fe, Benedicto XVI saca de debajo de su purpurada manga la carta más escasa y difícil de jugar,  la del desprendimiento.-

 Desprendimiento que no exhibe ningún político conocido, desprendimiento que no existe en el mundo de los negocios,  desprendimiento que no abunda ni siquiera en la familia, desprendimiento impensable en el siglo XXI, desprendimiento de catadura divina, que estremece, alecciona y sacude el alma.

 Benedicto XVI, un gigante.

El Nacional

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