Apenas han transcurrido 54 años y muchos de los protagonistas están vivos, por lo que pueden testimoniar sobre lo que realmente ocurrió el 27 de abril de 1965 antes, durante y después de la reunión en la embajada de Estados Unidos en la que estaban el jefe de la misión, William T. Bennett, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, el presidente constitucional Rafael Molina Ureña, el coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez y otros. Sin embargo, todavía abundan tantas contradicciones que a ciencia cierta no se tiene una versión oficial sobre lo ocurrido en uno de los días más convulsos después de la revuelta que estalló el sábado 24.
Se da mucho crédito a la afirmación de Claudio Caamaño Grullón, quien cuenta que ese día su primo Caamañó Deñó estaba en la embajada de El Salvador, donde lo fue a buscar. Salieron para la casa del líder de abril y que es en ese momento cuando lo llaman para que fuera a la embajada. Se asegura que una vez en la reunión Caamaño Deñó mandó al carajo a Bennett y que al salir le dijo al coronel Gerardo Marte Hernández: “¡Macho, coño, vamos al puente (Duarte) a morirnos!”. Pero en su “Diario de la Guerra de Abril de 1965” el periodista Tad Szulc, quien cubrió la insurrección para The New York Times ofrece otra versión sobre el encuentro.
Según el periodista poco después de las cuatro de la tarde del día 27 un grupo de ocho o nueve jefes militares constitucionalistas llegó a la sede diplomática y solicitó ver al embajador. Hernando Ramírez, quien encabezaba el grupo planteó a Bennett que debía encontrarse una solución a la guerra porque “ya se había producido suficiente derramamiento de sangre”. “Caamaño”, dice Szulc, “no estaba en el grupo, probablemente porque se encontraba luchando en el puente Duarte”. Hernando Ramírez habría planteado persuadir a Molina Ureña para capitular y reconocer la derrota. La misión fue encargada al jefe de la sección política Benjamin J. Ruyle.
Hacia las 5:00 de la tarde, narra Szulc, Molina Ureña, quien en principio se negó a aceptar la capitulación pero cambió de parecer al ser presionado por militares que estaban con él, arribó a la sede diplomática acompañado, entre otros, del coronel Caamaño Deñó.
En tanto se alega que los constitucionalistas insistían con Bennett para que mediara con San Isidro para terminar la guerra y este alegaba que carecía de autoridad las distintas versiones alrededor del encuentro hacen ola. Según Caamaño el embajador dijo al grupo que el momento no era de negociar, sino de rendición, y lo culpó de todo. Pero el diplomático niega que haya pedido tal rendición e insultado a los combatientes.
Lo que así admite Bennett es que al despedirse Caamaño se detuvo en la puerta y declaró: “Permítame decirle que continuaremos la lucha, suceda lo que suceda”. Pero tampoco es todo.

