El Nacional
El Banco Interamericano de Desarrollo vaticinó que incluso si los países más desarrollados comienzan a recuperarse en el 2010, la crisis financiera mundial tendrá efectos negativos importantes en América Latina y el Caribe.
Un estudio de la entidad indicó que el promedio anual de crecimiento de las siete economías más grandes de la región Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela podría disminuir a 1,9 por ciento durante el período 2009-2013, si los países desarrollados comienzan su recuperación económica en el segundo semestre de este año. Sin embargo, el crecimiento puede disminuir a solo 0,1 por ciento en los próximos cinco años si la recuperación en Estados Unidos y Europa toma más tiempo que lo esperado. Los siete países crecieron en conjunto 5,8 por ciento entre 2003 y 2007, según el estudio Política de Compensaciones en una Época sin Precedentes: Confrontando la Crisis Mundial en América Latina.
Destaca que una prolongada recesión económica en los países ricos, combinada con una reducción de los flujos de capital, podrían deteriorar la situación fiscal, la liquidez y el sistema bancario de varios países en la región.
En consecuencia, los gobiernos necesitan estar conscientes de los efectos de una política de compensaciones. En algunos casos, las medidas que promueven el crecimiento en el corto plazo pueden terminar incrementando los riesgos de un desorden fiscal y de problemas de liquidez en el mediano plazo, destacó el estudio, presentado por Santiago Levy, vicepresidente de Sectores y Conocimientos del BID. Dijo que América Latina y el Caribe se encuentran hoy mejor preparados para enfrentar los impactos de la crisis financiera debido a sus bajos niveles de endeudamiento y de deuda dolarizada, sus pequeños déficits presupuestales y sus altos niveles de reservas internacionales.
Sin embargo, advierte que aun así, sufrirán los efectos de la crisis. Esto, adelantó, dependiendo de cuán rápidamente se expanda al resto del mundo, el daño colateral de la crisis se sentirá en los años venideros y en consecuencia las políticas necesitan diseñarse para proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad, mientras se asegura la sostenibilidad macroeconómica.

