Opinión

“Bien está todo…”

“Bien está todo…”

“…lo que bien acaba”. Pocos políticos deben haber oído hablar de esta obra de Shakespeare. La mayoría tienen un final estrepitoso, pésimo. No se conforman con llegar al poder e irse tranquilos a su casa a disfrutar las glorias de las obras realizadas. El poder absoluto parece seducirlos, irremediablemente.

Pierden la cordura y entran en un mundo de desatinos, presa de la ambición material. Llegan a creerse imprescindibles. Cambian, patean y estrujan la Constitución a su antojo, solo por entenderse infinitos. Hay mucho de miedo en ello, y esto los hace deplorables y patéticos.

Disponer del erario los convierte en seres inmensamente “populares prepagos”, con lo que -sin saberlo- no hacen otra cosa que fingir y atraer unos días finales infelices.

El pueblo, en su aparente mansedumbre, también se anticipa a celebrar los contados de este pichón de dictador, engendro de una democracia cansada, en tanto corrompida.

Honrosas excepciones anuncian el final de las forzadas decisiones e infamias adonde nos ha traído el PLD como serpiente de dos cabezas que se debaten en el exclusivo derecho de prolongarse y perpetuarse a golpe de robos, impunidad y aplastar a la oposición con el uso abusivo de los fondos públicos.

Cuando lo que manda la Carta Magna es que los dominicanos se den cada cuatro años un Presidente que gobierne con la opción de someterse al escrutinio popular solo por cuatro años más. Luego, a su casa, como Dios manda. Prerrogativa impuesta en el 2015 por Danilo, que ahora busca modificar para quedarse toda la vida. ¡Vaya descaro!

Para estas dos cabezas moradas en conflicto el Estado dominicano es una cosa que les pertenece, propiedad que ahora se disputan sin decoro, con el celo y la rabia de perras paridas.

Confiar en que la sociedad ignora o le importan muy poco los embarres resultado de sus pleitos y violaciones es una apuesta que todo indica que esta vez van a perder. Como se perdieron ahora en inclinar la Suprema Corte de Justicia para el lado de Danilo.

El Nacional

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