En una de mis visitas a Paris, realicé un tour guiado por los jardines de Versailles. En otras ocasiones había visitado el majestuoso palacio, pero no había recorrido el espectacular edén y sus parques, que cuentan la fascinante historia del ascenso de Luis XIV, el Rey Sol, y su corte. Recuerdo que el guía concluyó la visita diciendo: “Lo único que Luis XIV no le dejó escrito a sus sucesores fue lo más difícil: como desmontarse del poder”.
Pocos, por no decir nadie, han escrito sobre como “apearse” del poder. En algunos casos, como Estados Unidos, por su fortaleza institucional, cuando un Presidente termina su mandato (sea uno o dos), se dedica a otros asuntos.
Al no representar una amenaza ante un nuevo incumbente, todos los ex presidentes norteamericanos salen del poder sin ser perseguidos políticamente o sin tener que exiliarse en otra nación para evitar algún tipo de peligro.
Esto ha variado un poco con Donald Trump, quien al representar una amenaza de reelección, ha sido víctima de investigaciones por parte del gobierno de Biden.
La excepción a la regla…Una regla, que por cierto, es parte de un consenso social. En EEUU, los expresidente son figuras respetadas. Son un símbolo de su historia.
Recientemente vimos como el ex presidente brasileño, Jair Bolsonaro, salió de Brasil a Estados Unidos, dos días antes de entregar el poder, para exiliarse temporalmente, tomando en cuenta las posibilidades de que el gobierno de Lula inicie una serie de demandas contra su familia y parte de su entorno.
A Bolsonaro le tomó tiempo darse cuenta que ya no sería presidente nuevamente. Cuentan algunos medios brasileños que no fue hasta diciembre, en una cena organizada por sus más cercanos colaboradores, donde un juez de la Suprema Corte de Justicia, Dias Tiffoli, y Fabio Fara, ex Ministro de Comunicaciones de su gobierno, le aconsejaron “salir de Brasil, bajar el perfil, y desincentivar posibles actos terroristas de sus seguidores”.
Raramente un mandatario en funciones, piensa en su “exit strategy”. Mucho menos lo piensan la mayoría de sus colaboradores y aliados. Bolsonaro está viviendo eso en carne propia en estos momentos.
No son uno ni dos, los miembros de su equipo político y aliados, que ya se han acercado al nuevo gobierno en busca de designaciones u favores. Queda ver como navegará este cuatrenio del lulismo, donde para sobrevivir política y personalmente, tendrá que hacer alianzas, fortalecer su base electoral y política, para poder tener una fuerza de negociación en el tablero de ajedrez. Los hechos del pasado domingo no le ayudan…
Por: Orlando Jorge Villegas
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