Un repaso de estos 8 años de gobierno, nos permite concluir que estrenamos la kakistocracia, vocablo acuñado en 1974 por el filósofo argentino Jorge García Venturini para significar gobierno de los peores. No obstante administrar su perfil, la verdad es que el saldo de Leonel Fernández, político y económico, es poco menos que ruinoso. En su gestión se fracturó la institucionalidad, sirviendo de ejemplo el TSE, integrado por rehenes de la troika conformada por el mandatario, quienes unánimemente dictaron dos infortunados fallos para premiar la deslealtad partidaria de Miguel Vargas.
Por otro lado, la bien calculada apuesta de deshonestidad de muchos funcionarios, degradó sensiblemente el quehacer público. La sociedad fue colocándose en trance de desesperanzada postración, factor rezagante del sentimiento cívico que fue posible neutralizar electoralmente en el 2008, 2010 y en este año, con una ofensiva de miles de millones de pesos, generadores a su vez de grandes déficits fiscales.
En efecto, los enojos acumulados por cuenta de la pobreza extrema, el desempleo, el subempleo, la criminalidad y los demás problemas relacionados con la corrupción que campeó por sus fueros a lo largo de estas dos administraciones moradas, se anestesiaron en tiempos de campaña con fondos públicos. Pongamos las cosas de este tamaño: esos reiterados abusos sin los cuales el PLD estuviera en la banca, los financiamos todos nosotros pagándole al Estado más ITBIS, más ISR y más selectivo a los combustibles, impuestos que pasaron a rozar las nubes en la medida que el gobernante empezó a construir obras sin disponibilidad de recursos. Palabras más, palabras menos, el desorden presupuestario que se le deja a Danilo es una bomba de mecha corta, y para evitar que detone será necesario aumentar la presión tributaria, que en las actuales circunstancias equivale a apagar el fuego con gasolina.

