Opinión Articulistas

Borgella, 182 años

Borgella, 182 años

Elvis Valoy

Cuando la mañana del sábado 9 de febrero del año 1822 dos contingentes militares compuestos por miles de soldados invadieron al Santo Domingo español desde Haití —uno de ellos encabezados por el propio presidente Boyer—, ya el general mulato Jérôme-Maximilien Borgella y sus hombres habían realizado la abominable labor de contrainsurgencia, la cual consistía en reprimir inmisericordemente, ahorcar y desmantelar a los grupos y personas que se oponían rabiosamente a la oprobiosa ocupación haitiana.

Este lunes 30 de marzo se cumplen 182 años de la muerte de Borgella; hijo de una negra y un blanco, culto y de absoluta confianza del dictador haitiano, el militar ocupó la posición de comandante distrital de Santo Domingo con asiento frente al parque Colón, en la estratégica ciudad primada de América al momento de la intervención, cargo que lo convirtió en la máxima autoridad civil y militar y el funcionario de más poder en la isla después de Boyer.

Armador junto al mercenario Tomás Bobadilla y otros cipayos jurisconsultos de los expedientes lawfare que condenaban en la justicia a los criollos que ya luchaban por la independencia nacional, Jérôme-Maximilien Borgella aplastó todo atisbo de insurrección patriótica, principalmente las encabezadas por el capitán Lázaro Fermín en San Francisco de Macorís, la Capital y la de Los Alcarrizos, denodados esfuerzos nacionalistas que buscaron infructuosamente quitarse de encima al yugo haitiano.

Borgella designó a Celigni Ardouin, su edecán, en el Tribunal de Tierras, como manera de mantener el ajedrez político con que «jugaba» el presidente Boyer en la isla y que lo apuntalaban en el poder.