Me duele cuando los corruptos, pensando tan sólo en la obtención de dinero para enriquecerse, sin importarle para nada el qué dirán, le hacen daño al gobierno en lo particular y a la sociedad dominicana en lo general.
Es verdad que siempre hemos estado rodeado de seres humanos corruptos. Ese germen social y brutal que tiende a frenar el crecimiento y desarrollo de los pueblos. Corruptos y corruptores han existido siempre. Los hubo en los gobiernos reformistas, perredeistas y, obvio, han estado en los gobiernos de los peledeistas.
El presidente de la república, en su condición de jefe de la administración pública, nombra mediante decreto a personas mayores de edad en posiciones importantes dentro del tren administrativo para que ejerzan sus funciones apegadas a la ética y a la transparencia, a la eficiencia y a la eficacia, al buen manejo de los fondos públicos y, además, para que sean ejemplo de gerencia con valores positivos en las instituciones que de manera transitoria están en la obligación y el deber de administrar.
Lamentablemente al corrupto poco le importa el futuro de los gobernantes. Lo de ellos es morder, conseguir lo suyo, llenarse los bolsillos y realizar otras barrabasadas.
Quien se beneficie de manera ilícita de la administración pública no merece ser funcionario de nada. Lo correcto sería cancelarlo inmediatamente y ponerlo a la acción de la justicia, como hizo una vez Juan Bosch con uno que se pasó de la raya.

