Samaná es una gran terraza para contemplar la historia inicial de la Conquista europea, punto de encuentro de españoles, ingleses, franceses, piratas, aborígenes y ballenas. Efectivamente, Samaná fue el lugar donde se desató la primera trifulca entre europeos y los bravíos indios ciguayos que habitaban la península, escaramuza históricamente conocida como El golfo de las flechas, aunque estrictamente hablando se trata de una bahía, no un golfo, pero como quiera el nombre dado por Cristóbal Colón en su diario quedó para la historia, de aquel domingo 13 de enero de 1493.
El texto da a entender que el Almirante entró en la Bahía de Rincón, el cual está entre el Cabo Cabrón y el Cabo de Samaná y que fue allí donde sucedió el encuentro violento, evento llamado así por las numerosas flechas ciguayas lanzadas contra Colón y sus hombres, donde por cierto, la palabra ciguayo significa en lengua indígena gente de montaña. Así comenzó la colonización del Nuevo Mundo.
15 millones de años antes de ser llamada Samaná, las ballenas yubartas venían remontando anualmente 10 mil kilómetros desde los mares gélidos del norte del planeta, para aparearse o dar a luz en esas tibias aguas del océano Atlántico, lo que le ha dado fama internacional a Samaná como uno de los mejores puntos de observación de cetáceos del mundo. Sin embargo, hace 10 millones de años, se trataba de 20 mil de estos mamíferos marinos haciendo su arribo a estas aguas.
Antes de la llegada de los europeos, los aborígenes se extasiaban contemplando estas espectaculares acrobacias multitudinarias, quizás 5 mil ballenas saltando al mismo tiempo, pero no eran capaces de cazarlas por carecer de recursos para ello. Los europeos gozaban de gran tradición capturando cetáceos, de modo que a ellos se debe (junto a Japón y otras industrias balleneras de otras naciones) la drástica disminución de la población de ballenas jorobadas, sacrificadas por docenas de miles. Hoy en día Samaná quizás recibe unas 3 mil ballenas en el curso de 4 meses, pálido recuerdo de los tiempos dorados, de un colosal animal que mide hasta 25 metros de largo y que dará a Samaná más gloria y esplendor turístico, si gozamos de la sabiduría para protegerlas y cuidarlas. Ojalá.

