De todos los cuerpos del universo, cometas, asteroides, planetas o estrellas, el objeto más fotografiado de todos ha sido la Tierra, con más de 40 millones de fotografías. En todos los casos, las imágenes captan su acento vivaz y aterciopelado, envuelta en tonos pasteles azules, blancos y ocres. Aunque sobre nuestro planeta viven 7 mil millones de personas, solo 124 individuos altamente especializados, de 11 nacionalidades, llamados astronautas, han visto a nuestro mundo flotando en el espacio. Para disfrutar de ese privilegio, debieron recibir un exigente entrenamiento de 3 años.
Nuestro planeta luce robusto, sereno, tranquilo, pasando por alto que es un planeta correcaminos incansable, que viaja a 120 mil kilómetros por hora y gira a 24 kilómetros por segundo. La foto más distante de la Tierra fue tomada desde Saturno, captando un mínimo puntito de pálida luz que no se comercializa. Se estima que para mediados de este siglo, unas 50 mil personas habrán contemplado a la Tierra desde una distancia de 600 Km, mirado desde una ventanilla, cómodamente sentados, un mundo que a ojo desnudo, ni por asomo sugiere que está pletórico de vida y cubierto de agua líquida en un 75%.
Esas personas serán los turistas del futuro, que pagarán 200 mil dólares por orbitar 10 vueltas en menos de 2 horas, pudiendo disfrutar de hasta 15 amaneceres. También verán a la Luna ligeramente más grande, Marte, Júpiter, Venus y Saturno, además, docenas de miles de estrellas fugaces que se precipitan a nuestra atmósfera a cada instante.
Para darse cuenta de que la Tierra tiene una especie de inteligencia superior, hace falta acercarse a 5 kilómetros de la superficie, para ver ciudades cuando las nubes por momentos se disipan, de otra forma pasarían desapercibidas. Algo similar les puede estar ocurriendo a nuestros equipos de exploración espacial en la superficie marciana, que su búsqueda de vida ha resultado infructuosa porque sus habitantes se ocultan ante su presencia, jugando al gato y el ratón. Es una posibilidad. Solo una posibilidad.

