Absolutamente todo lo que existe nace un día, crece y finalmente muere. Una ley que rige todo lo que existe, animado o inanimado, desde una hormiga, un río, un árbol, una montaña y hasta un planeta como la Tierra y, claro está, nosotros mismos, frágiles organismos pensantes cuyo breve ciclo de vida es de menos de un siglo. De modo que si usted tiene mucha salud, rondará, achacosamente, los 80 y 90 años, pero los 100, difícil, porque sencillamente su organismo responde a la ley nacer-morir por la vía de la rápida ejecución. Sin embargo, conmociónese con lo que viene:
El Sol empezó a quemar Hidrógeno hace unos 4,600 millones de años y actualmente está en la mitad de su ciclo de vida. Antes de morir, el Sol se convertirá en una gigante roja. Luego morirá, estallando y convirtiéndose en un agujero negro. ¿Cuándo? Dentro de 6 mil millones de años más.
Al igual que el Sol, morirán todas las estrellas actuales y morirán todas las que aún no han nacido. O sea, 500 trillones de estrellas que algún día se apagarán. Finalmente, llegará un momento en el que no existan estrellas.
El universo se irá desconectando, estrella por estrella, mundo por mundo, átomo por átomo, hasta que la nada absoluta imponga su imperio, el equivalente a un gato negro en un cuarto oscuro, sin galaxias y sin seres vivos.
Eso sucedería dentro de 320 mil millones de años, de modo que estamos muy al comienzo del proceso. Lo más sorprendente es que tal vez este sea sólo uno de la infinita serie de procesos por los que ha transitado el universo, que nace y muere una y otra vez, sin principio ni final.
¿Cuántos procesos? Incontables millones de procesos de universos previos al nuestro. Se trata, claro está, de una visión bizarra de la realidad, que hace estallar el edificio de la lógica, al indicar que no hay lugar para el origen del universo, o sea, nunca hubo un primer universo, debido a que todo es un perpetuo renacer de universos, en todos los tiempos, eternamente, la única cosa que escaparía a la ley nacer-morir. ¿Qué le parece?

