La vida (2 de 2): los impactos de meteoritos sobre la superficie de los planetas pueden dificultar la vida en ellos debido a la destrucción que pueden producir. Por ello, la frecuencia de impactos es un factor importante en la habitabilidad planetaria. El porcentaje de impactos en nuestro Sistema Solar era varios órdenes de magnitud mayores hace cuatro mil millones de años que actualmente.
Júpiter y Saturno hacen las veces de guardaespaldas de nuestro mundo, absorbiendo muchos asteroides y cometas que de otra forma, sin la coraza gravitacional que ellos poseen, podría estropear la vida terrestre con mayor frecuencia.
Sistemas con más de un Sol crean perturbaciones gravitacionales entre sus estrellas, por colisiones frecuentes, ya que los planetas intercambian energía orbital y momento angular. Después de millones de revoluciones pueden ser eyectados de sus órbitas.
La extinción total más grande de los últimos 200 millones de años en la Tierra ocurrió tan sólo hace 65 millones de años, cuando se extinguieron la mitad de los géneros de organismos multicelulares en la Tierra, incluyendo todos los dinosaurios. Se supone que esta extinción fue causada por el impacto de un asteroide o cometa, de unos 10 km de radio, cerca de la península de Yucatán (Golfo de México). Se estima que cada 100 mil años, como promedio, cae un objeto de esa magnitud en nuestro mundo. El último de consideración nos golpeó hace 50 mil años en Arizona, dejando un enorme cráter de 2 kilómetros de diámetro.
El último evento en defensa de nuestro mundo ocurrió con el cometa Shoemaker-Levy 9, un rosario de 23 cometas pavorosos, en 1994. Originalmente era una sola masa, pero quedó destrozada en 23 fragmentos, los cuales terminaron chocando con el hemisferio sur de Júpiter en 1994, a una velocidad de 60 km/s, donde cada choque generó una cicatriz del tamaño de nuestro mundo. ¿Usted se imagina?

