Los primeros 500 millones de años de la Tierra: nuestro planeta nació hace 4,500 millones de años, pero cuando aún era un planeta bebé, casi la destruyen. Para comenzar, recibió un golpe oblicuo por un objeto del tamaño de Marte. Y aún exhibe la enorme cicatriz que le produjo ese impacto: la inclinación de su eje. Los escombros expulsados comenzaron a orbitar alrededor de la Tierra formando la Luna, y la energía de la colisión suministró suficiente calor como para derretir la corteza de la Tierra.
En ese momento, la órbita de la Tierra se tornó a veces muy rápida, a veces muy lenta, recibiendo tirones gravitacionales del Sol, porque el mismo astro rey era inestable, lo que dio lugar a una Tierra convertida en bola de fuego, donde llovió lava durante un millón de años, escupiendo miles de lenguas de ácidos volcánicos de más de 30 kilómetros de altura. Por dentro las cosas eran igualmente aterradoras, había una sopa de magma, lo que a la postre formaría su tectónica de placas.
Debido a ese apocalipsis geológico, la Tierra volvió a fundirse, cosa que ningún otro mundo del sistema ha experimentado. Esa es la razón por la cual la corteza terrestre se compone casi exclusivamente de rocas de sólo 4 millones de años. Residuos de zircones, los tatarabuelos de las rocas, son buscados, porque son incrustaciones datadas hace más de 4 mil millones de años. A esa caótica etapa inicial de la Tierra, los geólogos la llaman La edad oscura.
Cuando comenzaba a recuperarse, nuestro planeta recibió una golpiza cósmica, ya que un diluvio de cometas y asteroides la azotaron durante 20 millones de años. Eso tuvo su lado bueno, pues así llegó el agua a la Tierra, traída por los cometas, aunque fue un envío muy violento, ciertamente, la violencia terminó y el agua se quedó para siempre. Luego de mil millones de años más, la vida comenzó tímidamente a brotar. Lo demás es historia.

