Monalisa segunda parte: el cuadro no está fechada ni firmado. Lisa o Elisa sería la modelo retratada, pero otros dicen que la dama es una invención del pintor, en cuyo caso puede ser una de tres posibilidades: la mujer ideal, la madre de artista o un autorretrato de Leonardo, pero en su versión femenina. La falta de cejas y pestañas correspondería a una moda de la época, pero otros críticos rechazan la noción.
Lo de la sonrisa es porque el pintor plasmó a una mujer que padece bruxismo, un hábito que lleva a rechinar los dientes por estrés o por sueño. Desde que en 1503 Leonardo lo vendió al rey Francisco I, su mecenas en la ancianidad, el cuadro no ha dejado de subir de precio. De un equivalente a 100 dólares a 100 millones actuales, sólo para fines de seguro, porque en realidad la obra no tiene precio material.
El cuadro ha sido colgado en la habitación de Leonardo, en el dormitorio de Napoleón, puesto bajo la cama del ladrón de arte Perugia y finalmente en las paredes de El Louvre. En todo este tiempo ha resistido docenas de restauraciones. Fue rociado con ácido, robado y apedreado. Para poder lograr la sonrisa, Leonardo se hacía rodear de bufones que cantaban y hacían humoradas, para alejar la melancolía que producía hacer retratos por encargo.
Ahora se dice que la sonrisa se debe a que la modelo estaba embarazada, de acuerdo al análisis de la cara y los dedos hecho por un panel de expertos, que están hinchados como corresponde a una mujer en gestación. Además la posición de las manos parece proteger su vientre. Algunos han llegado a decir que padecía de Parkinson. Y otros sostienen que la cara muestra dos sentimientos contradictorios, mientras los labios sonríen levemente, los ojos muestran cierto enfado.
El más sorprendente logro de la obra es la técnica con que fue ejecutada, esto es, el Esfumato, que Leonardo desarrolló hasta sus últimas consecuencias. De esta forma, el tratamiento de la luz sobre la carne es propio de un genio, obra maestra inspirada por un pincel divino. La modelo no es bella, por no decir que era común y corriente, pero el cuadro es hermoso, exquisito, porque los matices alcanzados por el autor son más que perfectos. Todo cuanto se diga de quién es la modelo es debatible, lo importante de todo es la técnica aplicada, sin duda, suprema hasta la coronilla y en eso todos están de acuerdo.
En resumen, esto era Leonardo Da Vinci, autor de la Monalisa, la obra más atrayente y deslumbrante de todos los tiempos: constructor, dibujante, ingeniero, arquitecto, matemático, anatomista, científico, analista forense, técnico en muchas disciplinas, escritor, gastrónomo, asesor militar de reyes, maestro, inventor de catapultas, barcos, cañones, submarinos, helicópteros, globos, vehículos bélicos, puentes colgantes, puentes levadizos, presas, prótesis, robots de cuerda, relojes despertadores, plataformas de construcción, bóvedas de combinación, túneles, edificios públicos y hasta un rico recetario con platos deliciosos.
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