Desde otro planeta, el cielo no debe de ser muy distinto, por lo que la conclusión es que a grandes distancias una región del universo es indistinguible de cualquier otra. Se entiende que quien mira un cielo saturado de estrellas se pregunta lo mismo que nosotros nos preguntamos desde el balcón terrestre. Lo hacen desde un planeta vecino al nuestro, en la estrella Vega, o una desde el otro lado del universo, en un planeta remoto del cual nada sabremos, como ellos tampoco de nosotros.
Encontrar una galaxia parecida a la nuestra se resume a un simple juego de probabilidades, pero se infiere que debe haberlas en muy alto porcentaje. Se ha llegado a creer que nuestra galaxia equivale a la hierba del campo, que las hay por todas partes, por ser la hierba el exponente vegetal más abundante. De modo que encontrar un planeta similar a la Tierra podría ser más abundante de lo que se cree, el equivalente a ver volar cientos de insectos diminutos que de pronto revolotean en nuestra cara.
Igualmente, podemos considerar la fracción de estrellas de nuestra Vía Láctea, que son como el Sol, que es bastante alta. Posteriormente, podemos calcular la probabilidad de que dichas estrellas posean planetas orbitando a su alrededor, que también es bastante alta. Podemos calcular después la probabilidad de que estos planetas estén a una distancia de su estrella que garantice unas temperaturas aptas para el desarrollo de la vida, lo que arroja otra cifra muy alta.
Finalmente, añadimos las probabilidades (también altas) de que la vida se llegue a formar y sea inteligente, y de que además desarrolle la tecnología necesaria para comunicarse con nosotros durante su estancia en el universo. El sorprendente resultado es que podríamos llegar a contactar a unas 10,000 civilizaciones extraterrestres solo en nuestra galaxia. ¿Qué le parece, buenas o malas noticias? ¿Conviene a los humanos o no nos conviene? ¿Si vienen serían el equivalente europeo de la Conquista que arrasó con América o solo vendrían para transmitirnos sus avanzados conocimientos? No más preguntas, magistrado.

