Opinión

Breve que te quiero breve

Breve que te quiero breve

Que todos tengamos huellas digitales diferentes, es sólo la punta del iceberg: todos tenemos el iris de los ojos diferente, las manos y pies diferentes, los dedos mismos son diferentes, los dibujos de las palmas de manos y pies también son diferentes, las orejas diferentes, los codos diferentes. Todos caminamos de manera diferente, usamos las manos de modo diferente. Todos escribimos diferente y, claro está, pensamos diferente, igualmente la personalidad es única, la sonrisa misma, la forma de reír y de llorar son diferentes.

En 1883, el francés Alphonse Bertillon propuso un método de identificación de personas basado en el registro de las medidas de diversas partes del cuerpo. Su método, adoptado por las policías de Francia y otras partes del mundo, tuvo un estrepitoso fracaso cuando se encontraron dos personas distintas que tenían el mismo conjunto de medidas. Esto no contradice que todos seamos diferentes.

Somos tan diferentes, que el 15 de marzo del 2010 vio la luz un artículo científico que informaba el descubrimiento de que las comunidades de bacterias que alberga la piel son diferentes en cada individuo, es decir, se propone el uso del análisis de las bacterias de las huellas dactilares de un individuo para fines de identificación forense, incluso en los gemelos idénticos.

Hasta el momento, sabíamos que las huellas dactilares (también denominadas dermatoglifos) se formaban completamente a las 24 semanas de embarazo y mantenían sus características a lo largo de la vida sin sufrir ninguna modificación. Pero existe una enfermedad denominada adermatoglifia, que consiste en la ausencia de huellas dactilares en manos, dedos y plantas de los pies desde el nacimiento.

El Nacional

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