Todo sobre Las Pléyades 3: muchos sostienen que la intensa relación de las civilizaciones antiguas con Las Pléyades es porque todos venimos de allí, y que anhelamos la riqueza espiritual que allá se disfruta desde siempre. Por eso se insiste en afirmar que nuestra Madre Tierra va a dar a luz a un nuevo hombre, ungido de una nueva conciencia y un nuevo corazón fraterno y solidario, identificado con la Unidad de donde procede y en comunión con todo el Universo. Privilegio que nuestros antepasados conocían, y por eso sus vínculos con ese sistema. Además, se insiste mucho en que, como todo momento antes del parto, habrá un momento previo de torturante dolor, que todos debemos atravesar.
Lo que no queda claro es si la Tierra entra en el Cinturón de Fotones de Las Pléyades cada 12 mil o cada 26 mil años. Ninguno de los defensores de esta idea expone con claridad qué tipo de radiación produce ese cinturón, se habla del «flujo magnético de la luz», «luz de alta frecuencia invisible», «energía de alta frecuencia», «partículas de fotones» o El Rayo Purificador, pero no dicen qué es lo que veremos, ni cómo se verá el cielo.
Del mismo modo, ninguno de ellos parece ponerse de acuerdo sobre el momento en el sistema solar entrará en el Cinturón de fotones, ya que las fechas varían entre el 2012, 2020 o 2036, ni tampoco se especifica o cuánto tiempo se mantendrá la Tierra dentro de la influencia de su energía poderosa, ya que los autores de estas ideas oscilan entre 30 y 300 años. Tampoco se dice si será un efecto de golpe o progresivo, como sería lo natural, lo cual estaría en concordancia con el paulatino pero sostenido aumento de terremotos y erupciones volcánicas en todo el mundo.
Como quiera, Las Pléyades es un sistema que ha influido muchísimo en la humanidad, al menos culturalmente, aunque ahora se dice que material y espiritualmente, al punto de que nos despojará para siempre de nuestra crueldad, vilezas y vicios, para volver a nuestra comunión con lo que fuimos, nuestros orígenes: ángeles sin alas. Esperaremos, más sentados en la butaca del escepticismo que en la divertida hamaca de la fascinación.

