Una computadora realizó mil modelos de sistemas solares. Estos serían algunos de sus resultados: un posible sistema solar tendría 20 planetas del tamaño de Júpiter, o docenas de mundos tipo Saturno, pero con anillos miles de veces más grandes; otro más contendría unos 3 mil mundos, todos diminutos; y un tercero exhibiría algo maravilloso: unas 600 supertierras.
Esto es, 600 mundos aptos para la vida como el nuestro, pero mucho más grandes. Si ese modelo existe en grandes cantidades, donde la vida se da a borbotones en todos ellos, confirmaría la presunción de muchos científicos de que la Tierra se localiza en una región tipo desierto del sistema solar, donde la vida es muy escasa, tal como ocurre en el desierto del Sahara, por ejemplo, a diferencia de las selvas tropicales, repletas de organismos.
También es posible que existan muchas supertierras orbitando en las cercanías, sin tener que apuntar muy lejos con el telescopio, ya que estarían más próximas de lo que pensamos, a sólo 60 años-luz o menos. En este escenario multitudinario, donde los planetas habitados se dan por racimos, el nuestro haría las veces de oveja descarriada, que por alguna causa se perdió de la manada planetaria.
La computadora también determinó que la vida inteligente sería asombrosamente muy abundante en la mayoría de estos mundos, dicho en otras palabras, sería un fenómeno ordinario, cual un rasgo típico del universo, con la mala noticia de que el nivel de desarrollo que exhibe nuestra tecnología sería uno de los más primitivos.
Quizás muchas Supertierras, de las que están muy cerca a nosotros, conocen a la especie humana desde hace mucho tiempo, pero al llevarnos 300 años de ventaja, 3 mil o 300 mil años de tecnología superior, podríamos no ser de su interés. Sería aterrador, que nos verían con la misma curiosidad con que uno mira los pececillos que hay en su pecera. ¿No lo cree?

