Opinión

Breve que te quiero breve

Breve que te quiero breve

Ya somos 7 mil millones de personas, la catástrofe está incubada: en el 1801 éramos mil millones de almas. En 1950 llegamos a 2,500 millones de habitantes. En 1960 3 mil millones,  y 20 años después, a fines de 1980 llegamos a los 5 mil millones, lo cual garantizaba que la humanidad seguiría creciendo pero con mayor velocidad, no en vano, cada día nacen 364,335 personas, o sea, 253 por segundo. Si restamos los que mueren en el mismo lapso de tiempo, unos 151,729 humanos cada día, 105 por minuto, tenemos una “ganancia” de 148 personas nuevas en un abrir y cerrar de ojos, o lo que es lo mismo, 212,625 bebés cada día. Como era de suponer, el puñado de países ricos mantendrá una población estable, en cambio los países pobres se dispararán produciendo carajitos y más carajitos.

Es insostenible mantener este crecimiento. Sin embargo, en virtud de los avances científicos la gente ahora puede vivir más de 80 años y una de cada cien jovencitas es madre antes de  los 15. Este galopante chaca-chaca se está produciendo mientras el calentamiento global se acentúa, los desiertos se siguen expandiendo, la canasta básica se encarece, los recursos  menguado, el agua mundial más contaminada y menos disponible, los ríos enfermos, los bosques serruchados, la contaminación avanzando, más cada uno de nosotros contribuyendo con las 50 mil toneladas sólo de basura plástica que se junta cada día, más 100 mil celulares desechados diariamente, baterías, gomas y toda clase de químicos que no quiera usted saber.

Estamos obligados a imponernos controles natales a escala mundial, por la sencilla razón de que los 7 mil millones que ya somos hoy garantizan 10 mil millones de bocas para el 2020, o sea, dentro de sólo 8 años, 15 mil millones para el 2030 y casi 40 mil millones para el 2050. Si no lo hacemos, la propia naturaleza se encargará de detenernos, no se sabe cómo, pero algunos sostienen que la Tierra es un mega-organismo con conciencia propia que sabe librarse de las amenazas que atentan contra su supervivencia. Tal como un perro realengo se sacude unas cuantas pulgas de más, nuestro planeta nos “espulgarᔠa su manera a su debido tiempo.

El Nacional

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