Ni patria ni muerte: nos vencieron. Y así, mientras los pobres dominicanos se haitianizan en su pobreza y los ricos se agringan en sus reservas: en la isla casi entera de las históricas primacías nos vamos quedando sin románticos que vivan/ lleguen llenos de patriotismo enamorados de un puro ideal, esos, los de las páginas gloriosas.
Aquí ya, ni Los Ahijados cantan que dulce y bella es la muerte «en el momento en que la patria necesita de sus hijos.
La patria donde la muerte es el olvido, recordar a los dignos, a veces es morir.
Perdón por la nostalgia, pero en el 50 aniversario de la gesta heroica e incompleta del 14 de junio se me ha ocurrido realizar un programa DE LA SEMANA de este sábado- que tendrá como eje el libro de Tony Raful sobre el hecho histórico, y he tenido que volver a leerlo. Al hacerlo, ha sido imposible evadir la tentación de la tristeza, inevitable que llegara la nostalgia vencida por tanto victorioso derrotado. Y claro, terca como un abuelo viudo, llegó la reflexión, la pregunta: ¿De qué habrá servido tanta sangre, tanto héroe acribillado, si a la hora de los hornos, es decir de gobernar, Rafael Leonidas Balaguer Molina, como un José Alfredo Jiménez de lo atroz, sigue siendo El Rey.

