Opinión

Burlador burlado

Burlador burlado

Lo cierto es que la Constitución reserva dos puestos del Consejo Nacional de la Magistratura a un senador y a un diputado de los partidos opositores.

“Un senador o senadora escogido por el Senado que pertenezca al partido o bloque de partidos diferentes al del Presidente del Senado y que ostente la representación de la segunda mayoría (…) Un diputado o diputada escogido por la Cámara de Diputados que pertenezca al partido o bloque de partidos diferentes al del Presidente de la Cámara de Diputados y que ostente la representación de la segunda mayoría”,  establece taxativamente en su articulo 178.

El senador electo Amable Aristy demanda la posición correspondiente al bloque opositor de la cámara alta en este organismo.  Cuestión de carácter institucional y nacional, digna de ser reclamada a no ser por el manejo irreverente que ha observado este dirigente reformista frente a la  Constitución y el orden institucional.

Erigido en una especie de dueño de la provincia La Altagracia, Aristy ha sido recurrente en el irrespeto a una nación y un electorado que acude cada cuatro años a votar por sus representantes. 

Se impone como ganador repartiendo prebendas y ejerciendo presiones, para luego renunciar, en una  insultante y recurrente muestra de desprecio a uno de los poderes del Estado. Y de irrespeto a los electores.

Tampoco esta vez se ha juramentado, dejando vacía la bancada correspondiente a La Altagracia y al Partido Reformista. Aspirante obstinado a la secretaría de la Liga Municipal, ha aceptando que el senador del PLD por Sánchez Ramírez, Félix Vásquez sea  vocero PRSC en el Senado.

Ahora, alega haber sido sorprendido en su buena fe, al conceder, “por cortesía”,  la posición. Nos debe importar un bledo las trampas entre tramposos.  Estamos ante el clásico drama del burlador burlado. O, como diría Daniel Defoe,  los rufianes se pelean y arrebatan  el botín en la misma cueva de rufianes.

Mientras tanto, la población contempla, con la misma indiferencia, el desenlace de un conflicto que deja al desnudo la degradación moral, el desorden institucional y la ausencia de liderazgo político.

Debemos rechazar estos malos ejemplos desechándolos en la misma forma como ellos  engañan   a sus seguidores y al país.

El Nacional

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