El periodismo en México se ha convertido en una lucha a muerte. Con ocho profesionales muertos en lo que va de año, en ningún otro país de la región el oficio resulta tan arriesgado. La nación no se había repuesto del cobarde asesinato del periodista Javier Valdez cuando se denunció el secuestro, en mayo, del reportero Salvador Adame.
Lo peor que se temía se confirmó ayer cuando los restos del periodista fueron encontrados en el fondo de una barranca de la región de Tierra Caliente, en Michoacán.
Aunque la inseguridad y el terror no han amilanado a los periodistas mexicanos, estos necesitan un mejor clima para ejercer la profesión. Casi todos los crímenes tienen el mismo denominador común: ordenados por el narcotráfico.
En el caso de Adame las autoridades no han tardado en determinar que un narcotraficante identificado como Feliciano Ledezma fue quien patrocinó el asesinato.
El crimen representa otro llamado al Gobierno de México para revestir de más seguridad el ejercicio periodístico.

