Opinión

Calificación

Calificación

El presidente Danilo Medina podrá estar contento con las “calificaciones” recibidas, pero digamos que no del todo convencido. Aficionado a las estadísticas como pocos políticos, debe saber que las evaluaciones apresuradas no son concluyentes. Responden a poses interesadas, y a las emotivas trivialidades que traen los favores políticos y personales. ¡Ah, los complacientes, haciendo siempre un ridículo papel!

Equiparar en puntuación a Medina con su homólogo de Ecuador, Rafael Correa, aún en procura de una definición –falta determinar su posicionamiento-, es una necedad. No porque a Medina le falten condiciones, sino porque carece, por el momento,  de una hoja que le aproxime a resultados tangibles, más bien cuantificables. Indicadores económicos sobre la calidad de vida o índices humanos que la  hagan sustentable.

Las comparaciones son tan necias como inútiles. Pero de eso se trata. Démosle un vistazo a las cifras de Ecuador. Reducción de la pobreza en  más del 25% [el índice más notable y positivo en el continente], un 7% de desempleo, entre otros aportes al desarrollo humano lejos de alcanzar aquí. Pruebas ampliamente superadas por este mandatario, quien ha conseguido aumentar las recaudaciones mediante la reducción de impuestos. La salud y la educación reciben el 6.8 y el 5%, respectivamente, coronan su Revolución Ciudadana.

En estos ocho meses, tenemos aquí buenos anuncios, mejores iniciativas e, incluso, estupendos proyectos puestos en marcha, destacando el de la alfabetización y asignación de contratos mediante concursos. No percibimos todavía los efectos del 4% para la educación, ni siquiera en los salarios y la calidad de los maestros.  Comprendidas, todas las iniciativas, en un proceso en el que faltan varios pasos para llegar a feliz conclusión.

Adelantarse a dar notas, buenas o malas, en medio de la carrera emprendida, contribuye muy poco a los resultados. Si hostigarlo desalienta,  glorificarlo antes de terminar le resta el vigor que debe mantener todo competidor para alcanzar las metas.

 Si confiara su gestión a estas notas inconsistentes, el presidente Medina podría entretenerse entre alabanzas, y creerse la historia. 

Así las cosas, las presiones de empresarios y comerciantes no son más que resabios de opositores. Médicos, maestros, obreros, estudiantes y munícipes en pie de lucha seria, bajo su distorsionada óptica,  unos insaciables e inconscientes ciudadanos. Ojalá que a una de las lumbreras de la comunicación oficial no se le ocurra tildarlos de envidiosos, como en el pasado gobierno.

Lo peor de estas valoraciones no es que sirvan a la propaganda, sino que constituyan un engaño para el propio jefe del Estado. Si todo marcha bien, nada hay por cambiar.  Nadie lo haría. Pero pocas cosas van bien, a no ser  manifiestas intenciones. Y gobernar es más que eso.

El Nacional

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