BARCELONA. (elperiodico.com). Cuando vio al convoy de larga distancia abrirse paso entre la noche, N. P. M. solo pensó en sacar de las vías a la gente que estaba cruzando hacia la salida de la estación. El joven, de 18 años y origen dominicano, tendió los brazos y ayudó a subir al andén a una mujer. Le salvó la vida, pero no tuvo tiempo de auxiliar a más personas. Al instante, el tren tiñó la verbena de luto.
N. P. M. se encuentra ingresado en el Hospital de Sant Boi. El héroe anónimo, que en el momento de la tragedia se dirigía al paso subterráneo del apeadero de Castelldefels, sufrió heridas y contusiones en una pierna por el impacto de los cuerpos que salieron despedidos en el atropello. Ha sido operado y su estado pasó ayer de grave a leve.
En el plano emocional, sin embargo, su situación es todavía complicada. N. P. M. vio el drama a pocos metros de distancia y aún se encuentra muy conmocionado por la tragedia. Los psicólogos aseguran que no se halla en condiciones de explicar a desconocidos lo que vivió en la noche de Sant Joan, por lo que la dirección del hospital ha limitado su ámbito de relación a la familia y el personal sanitario.
«Los heridos de Castelldefels tienen el recuerdo de una situación muy dura, intensa y rápida. Pasaron tantas cosas en tan pocos minutos…», explicó ayer la consellera de Salut, Marina Geli, en el programa Els matins, de TV-3. «La percepción personal de la tragedia es diferente en función de lo vivido», añadió, después de citar el dramático caso de «una chica herida que iba de la mano de su novio, que puede estar entre los desaparecidos» por el fatal atropello.
Acción
El dominicano evitó que el número de víctimas fuera mayor, pero a pesar de su desesperado llamado de advertencia, el tren arrolló a 12 personas
