Opinión

Cámara de cuentos

Cámara  de cuentos

Cada quien tiene su institución favorita para ser eliminada cuando cambiemos de gobierno. Yo creía que en mi caso era la OISOE, cuyas prácticas dolosas fueron documentadas por el Dr. Guillermo Moreno en su fundamentada acusación contra Leonel Fernández y la Funglode, vía los recibos de pago que suministraron los propios ingenieros encargados de obras públicas, como obligada cuota para la obtención de sus contratos. El suicidio del ingeniero le puso la tapa al pomo, pero ni eso logró que esa denunciada máquina de nuevos ricos desapareciera.

Ahora, debo confesar que la institución que ocupa mis preferencias eliminatorias es la Cámara de Cuentos, porque su función principal no es fiscalizar el uso de los fondos del Estado, sino servir de mandarria contra la oposición.

Como ejemplo cito la experiencia de Alianza País, cuyas oficinas fueron intervenidas por un equipo de la Cámara durante meses, que revisó con minuciosidad cada recibo hasta tener que certificar el impecable sistema de rendición de cuentas de la organización.

Mientras eso hacían, nunca fueron a fiscalizar al PRD, cuyo manejo de sus fondos electorales es aún un misterio para la población, porque “puerco no se rasca en javilla”.

Si alguna duda tenía sobre la Cámara de Cuentos, el artículo del periodista Claudio Acosta en el Hoy del 29 de marzo, ha acabado de consolidar mi fobia. Acosta, confronta al actual director de la Cámara, Dr. Hugo Álvarez Pérez, por haber añadido un generoso aumento de sueldo a un salario ya de por si ostentoso.

Recuerden que cuando Licelot Marte, recién nombrada, hizo lo mismo, hubo una reacción nacional de repudio que la obligo a revertir la medida.

Adicionalmente al aumento salarial, el inefable Doctor se ha gastado, solo en enero y febrero, $73,475.00 en cigarros finos para los miembros del pleno, añadidos a los $296,506.10 que se gastó en diciembre en “aguinaldos y arbolito”.

Si esas sumas sorprenden, el buen doctor le regala el almuerzo a todos sus empleados a un costo mensual que oscila entre los $900,000.00 pesos y el $1,300,000.00, un lujo que, según Acosta, no se da ni en el solvente Banco Central, y cuya práctica en otras instituciones es solo un barato mecanismo para agenciarse una suma mensual.

Con este precedente de cínica impunidad, (el doctor se niega a hablar con los medios) ¿es de sorprender que a ninguno de los acusados de Odebrech los hayan enviado a la cárcel?.

Los vasos de la paciencia colectiva se están rebosando. Que después no nos vengan con cuentos de tolerancia o civilidad.

El Nacional

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