Coordinación de Miradas
Lillian Fondeur Q.
Asociación Dominicana de Periodistas con Perspectivas de Género
P: Como estudioso de los debates políticos de candidatos en España y América Latina, ¿un candidato con experiencia en los medios de comunicación, qué debe saber antes de entrar un debate?
R: La preparación de un debate es muy importante. Es posible que, gracias a ese programa se modifique la imagen que se tiene de un candidato. El debate es una gran oportunidad para mostrar liderazgo si se prepara adecuadamente.
A veces, tenemos buenos comunicadores, pero no son buenos en todos los formatos. Adolfo Suárez (Presidente España 1978-1981) tenía un magnetismo especial, un tipo que ganaba en la distancia corta. Era complicado sentarte a hablar con él y al levantarte no hacerte Suarista Felipe González (Presidente España 1982-1996) es el más completo comunicativamente: era bueno en mesa cercana, era bueno en un mitin y también en el Parlamento. Pero en el debate no, al menos en el primero. Si no somos conscientes de que hay que preparar a los políticos para cada uno de los géneros en los que van a intervenir, se producirán errores gravísimos. Quién sabe si irreparables.
P: ¿Cuáles son los elementos a considerar a la hora de preparar un debate?
R: A la hora de preparar un debate deben tenerse en cuenta varios factores:
En la preparación no debe de haber muchas personas alrededor del candidato para no marearlo. El equipo debe elaborar fichas. Se trata de preparar asuntos que crees que tiene que decir tu candidato, o aquellos que crees que va a decir el oponente y cómo tu candidato debe responder.
Además de un reducido equipo, es conveniente buscar un sparring, como en el boxeo. Hay que entrenar al candidato en el formato real, en vez de ahogarlo con una avalancha de consejos. Hay que preparar las frases concretas y las respuestas precisas para esas frases.
Recomiendo elaborar una lista de cien preguntas posibles (cuánto vale el pan, el café, por ejemplo). A lo mejor no preguntan exactamente sobre estos aspectos, pero le puede servir para improvisar. Es fundamental conocer las cien preguntas posibles.
P: Alguna recomendación para del contenido
R: Un debate no es una catequesis. Buscar frases redondas, concretas, frases que el auditorio pueda retener. Lo importante decirlo varias veces. Por ejemplo: en los debates y mítines de Bush (padre), él decía: Read my lips: no new taxes. (Lean mis labios: no habrá nuevos impuestos). Y eso es con lo que la gente se quedaba. Esa era la idea para el recuerdo.
P: ¿Y en las formas, cuáles son sus consideraciones?
R: Muchas veces, estamos pendientes solamente de preparar el contenido del debate, pero no la forma en la que lo va a decir y el tono en el que debe decirse. No se deben producir cambios de tono bruscos que descoloquen a las personas que están escuchando. Los cambios de tonos son fundamentales. A la hora de preparar el debate no utilizar el mismo tono al principio, durante el debate, o al final, cuando tenemos ese último minuto o esos dos o tres minutos finales, quizás decisivos.
Cada frase tiene un tono. Si queremos dar importancia a una frase, ese tono tiene que estar esculpido en mármol
Algo muy importante en toda comunicación son los silencios. Cuando vemos una noticia o un artículo escrito, podemos ver un título, un antetítulo, una entradilla pero en el lenguaje oral no vemos nada de eso.
Entonces, debemos poner las mayúsculas, el subrayado, la cursiva, el titular catastrófico (titular con letras grandes), con nuestro tono, con nuestra voz y con el silencio. Por lo tanto, utilicemos los silencios para dar relevancia a lo que viene a continuación, o, en su defecto, cambiamos completamente el sentido de lo que queremos decir.
Ojalá los participantes en un debate entendieran la necesidad del descanso.
Hay que dejar al candidato descansar antes de un debate. Dejarle estar horas con la familia. Cuando tratas de buscar la palabra justa, tu cerebro está consumiendo más energía que cuando dices lo primero que se te pasa por la cabeza. Se experimenta una gran tensión al intentar hablar bien, y si juntamos eso con la tensión del debate propiamente dicho, es verdaderamente agotador. Un gran profesor de oratoria dice: Hablar cansa y hablar bien cansa mucho más.

