Cerca del 50 por ciento de los estudiantes que estudian en universidades nacionales no concluye sus estudios, aunque una porción menor se graduaría en otros centros o asumiría otra carrera universitaria.
Ese es uno de los dramáticos hallazgos de un estudio sobre Deserción, Repitencia y Eficiencia de la Educación Superior, que revela además que la carencia de recursos económicos (70%) es la causa principal de tan elevado éxodo.
La investigación, auspiciada por el Ministerio de Educación Superior, arroja también el preocupante dato de que el 68 por ciento de esas deserciones es causado por la necesidad de trabajar que tiene el estudiante.
Son elevados también los índices entre quienes abandonan las aulas universitarias por bajo nivel de preparación (57.4) y por frustración académica (25.5%), aunque una mayoría de quienes desertan (61.7%) también alega como causa la precariedad económica.
Los resultados de esa investigación han de tener múltiple lectura, aunque todas las interpretaciones posibles conducen a lo que ha señalado la ministra de Educación Superior, a que la educación universitaria no es eficiente.
En efecto, el sistema universitario nacional se presenta como obsoleto, deficiente y divorciado de la dinámica económica y social de la República.
Es evidente que la gran masa de bachilleres que ingresa a las universidades no logra sintonizar su vocación ni expectativa laboral con las ofertas curriculares que ofrecen esos centros, algunos de muy dudosa reputación.
Aunque quienes realizaron esa investigación recomiendan levantar un estudio sobre la condición de vida de los estudiantes, lo conveniente sería revisar la cuestionada calidad de la enseñanza universitaria.
Tales hallazgos sobre deserción estudiantil indican que un gran espacio del nicho universitario se ha convertido en cantera de frustraciones.

