La señora Aída Trujillo Ricart, hija del general de 4 estrellas Rafael Leonidas Trujillo Martínez y de doña Octavia Ricart de Trujillo, fue injustamente premiada con un galardón literario por un librito lleno de elogios a su abuelo, generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina.
En otra ocasión me referí a este tema, considerando entonces y hoy reiterando que dos extranjeros no podían ser jurado para premiar algo relacionado con una tiranía que no vivieron.
No se trataba, como dije aquella vez y ahora insisto, en asuntos de técnica, de narrativa, de ortodoxia novelística, lenguaje, etcétera, sino también de conocer profundamente al personaje, es decir, al abuelo elogiado por la leal nieta y lo que aquel hizo en este desgraciado país.
Hoy vuelvo con el tema porque ante el repudio casi unánime que han encontrado en nuestra Nación estas loas, este aupamiento a la figura del tirano Trujillo, la señora Trujillo Ricart decidió no venir a recoger el pergamino y los 250 mil pesos del premio a su novela.
Ella argumenta que el repudio recibido por la funesta decisión de premiar esta novela llena, como debe ser por parte de una nieta leal, de ponderaciones acerca de lo maravilloso que era su abuelo, se debe a que en la República Dominicana no hay educación democrática! Así como suena, de la inspiración de una nieta del déspota que encabezó por 31 años, 9 meses y 16 días una tiranía sin ejemplo.
En este país no hay educación democrática, según afirma, nada menos, la nieta de quien es modelo negativo de cómo conculcar en un pueblo los derechos de la persona humana.
Con esta declaración desafortunada, absurda, injusta, cínica, sarcástica, burlona y estúpida, la señora Trujillo Ricart agrava todavía más su situación ante el pueblo dominicano, al que ofende con su librito-coba a su monstruoso abuelo y ahora vuelve a ofender con tan peregrina, torpe y necia acusación.
Para no ir más lejos, habría que preguntarle a ella, la nietaza del abuelazo, si cuando menciona la palabra democracia y el concepto educación democrática, se refiere a la democracia y a la educación democrática que aquí enseñó su abuelo durante su tiranía.
O preguntarle si también se refiere a la educación democrática de la que hizo gala su padre, en particular con los jóvenes que torturó y asesinó en 1959. Y así por el estilo.
No estaría demás que dedicara su librito a las incontables víctimas de su abuelo y la educación democrática de aquel.
Se me olvidaba algo: esa educación democrática es la que durante casi 40 años ejerció en España su padrino (así como suena) el tirano Francisco Franco? ¡Cállese!

