El presidente cubano Raúl Castro anunció la posposición del Congreso del Partido Comunista de Cuba, que estaba pautado para el mes pasado en La Habana, la fascinante (JEBG) capital de la Antilla Mayor, con sus casi III mil kilómetros cuadrados y sus cerca de 12 millones de habitantes.
El general de Ejército, máximo rango en la Cuba socialista, y también Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y hermano de la absoluta confianza del líder de la revolución de 1959, argumentó que la posposición se debió a que el régimen castrista prepara nuevas y duras medidas de austeridad para aplicarlas al pueblo de José Martí y de Nicolás Guillén.
Días más tarde, el vicepresidente de Cuba José Manuel Machado, de ya casi 80 años de edad (2 años más que el presidente general Raúl Castro), repitió lo dicho por el gobernante designado por quien no solo ha sido su hermano sino también su jefe político de toda la vida.
O sea, el tantas veces retrasado Congreso del único partido político que funciona en la Cuba de Fernando Ortiz y de René Cabel, se dispone a anunciarle al pueblo cubano más y mayores medidas de austeridad, limitaciones, restricciones, carencias, dosificaciones, colas y demás sacrificios que ha estado haciendo el pueblo de Cuba desde hace 50 años, y en honor a la tremenda revolución que derrocó al tirano Fulgencio Batista y Saldívar.
Es la más importante revolución que se ha hecho en América Latina, por su influencia continental y mundial y por haber desafiado y sobrevivido medio siglo al poder más grande que ha conocido la humanidad.
Incluso, superior a la maravillosa revolución mexicana de 1910, aunque por debajo, claro está, de la revolución USA de 1776, la francesa de 1789, la rusa de 1917 y la china de 1949.
Fidel Castro se convirtió en una de las figuras más importantes, trascendentes, influyentes y míticas de la historia del siglo 20 y más allá. Dentro de 200 años estaremos leyendo biografías y relatos históricos del increíble revolucionario, estadista y jefe militar de Bairán.
Pero lo cortés no quita lo valiente, lo real, lo auténtico, lo que se vive y se sufre, lo que hay hoy en Cuba no da para pedirle más sacrificios al pueblo.
El régimen cumplió su ciclo histórico, su proceso dialéctico, su paso por la Historia, su aporte a la dinámica de los acontecimientos y su utilidad pública.
¡No más sacrificios! ¡Cambio de sistema! ¡Basta ya!

