Opinión

Cápsulas

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La Historia nos enseña que es muy difícil y raro que un ejército regular derrote a un ejército irregular.

El ejemplo quizás más elocuente lo tenemos en Vietnam, donde las fuerzas irregulares comunistas, lideradas en lo político por el famoso Ho Chi Minh y en lo militar por el no menos famoso general Nguyen Giap, derrotaron al poder más grande que ha conocido la humanidad, los Estados Unidos de América, no sin que antes hicieran lo mismo con el poderoso ejército francés (recordar la célebre batalla de Dien Bien Phu).

El caso de los partisanos del mariscal Josip Broz (Tito) es también elocuente y aleccionador: derrotaron a las poderosas fuerzas armadas de la Alemania nazi de Adolf Hitler en la conflictiva zona de los Balcanes.

13 colonias formaron un ejército irregular y, bajo las órdenes del improvisado general George Washington, vencieron nada más y nada menos que al Imperio Británico.

El gigante Simón Bolívar liberó 5 países del dominio del Imperio Español comandado otro ejército irregular.

Si nos acercamos más, veremos como el ejército guerrillero irregular de Fidel Castro superó el ejército regular, poderoso y apoyado por Estados Unidos que encabezaba el tirano Fulgencio Batista Saldívar.

Lo mismo hizo el ejército irregular sandinista con la tiranía de 40 años de la familia Somoza García y Somoza Debayle, en Nicaragua.

En la propia República Dominicana, vemos al ejército improvisado e irregular de la gesta del 27 de febrero de 1844 venciendo al ejército regular de los interventores, haitianos.

Igual hizo el glorioso ejército irregular al lograr la Restauración y la derrota del ejército español en el período 1863-1865.

 Y cabe, de paso, mencionar lo que el generalísimo Máximo Gómez logró en Cuba con otro ejército irregular y contra la Corona Española.

¿A qué viene este artículo? Muy sencillo: cuando el presidente George Bush pronunció un discurso para anunciar que en Irak había terminado la guerra, yo dije en el programa radial “El Gobierno de la Mañana”, de la Z-101, que la guerra no sólo no había terminado sino que apenas comenzaba, por aquello de un ejército regular que ahora tendría que enfrentarse a un ejército irregular.

Y Bush perdió la guerra.

Y ahora, cuando Estados Unidos se concentra en Afganistán, vale decir lo mismo, y por múltiples razones (sobre todo lo de lucha contra un ejército irregular), que esta guerra también está perdida.

Lamentablemente.

El Nacional

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