Desde mediado del mes de octubre el mundo ha presenciado una multitudinaria caravana constituida por mujeres, hombres, niños, niñas y personas discapacitadas procedentes de Centroamérica, principalmente de Honduras, El salvador, entre y otras nacionalidades que se han unido a esta iniciativa que, atravesando por Guatemala y México, buscan entrar a los Estados Unidos, según ellos, persiguiendo el sueño americano de bienestar y de progreso. Con este fin, cada día nuevas caravanas se siguen incorporando.
Los movimientos de población nacional e internacional son fenómenos sociales de amplia data. Son acciones, casi siempre, marcada por iniciativas individuales, y no como un consenso multitudinario y pre organizado.
Eran desplazamientos sin muchas regulaciones, y atendían a necesidades diversas: económicas, climáticas, evasión de persecución, búsqueda de conocimientos, y otras.
En la medida que los países se van organizando, tratan de regularizar no solo su economía, sino la entrada y salida del territorio.
Estas caravanas se fundamentan en tres realidades: irresponsabilidad de los gobiernos, promesas engañosas de parte de personas o entidades, y en tercer lugar el deseo natural y lógico de progresar aquí o allá. Algunos caravaneros entrevistados dicen haber salido de su país porque la miseria y la inseguridad se han enseñoreado, y que no hay esperanza de salir adelante. Así también se han expresado líderes políticos y sociales de Honduras y de El salvador, justificando la salida de sus conciudadanos hacia los EE .UU.
Todo esto es entendible, mas hay que preguntarse ¿Han adquirido derechos en aquel lugar hacia donde quieren ir? Las caravanas en su afán de llegar a las Estados Unidos, lo hacen con una decisión propia de quienes tienen un derecho sobre algo propio que dejaron allí sus antepasados, o que ellos mismos produjeron.
Esa actitud no es saludable, pues crea niveles de obsesión.
