Hoy, 6 de febrero, hace 21 años que te marchaste a las regiones etéreas, madre mía, maestra que vives en el pensamiento de tus hijos, cual esencia divina con razones infinitas como tu nombre.
Tú reinas en las fulguraciones de los corazones de quienes fuimos tesoros y razones de tu existencia: tus hijos, Ana Luisa, María Teresa (Teté), Sonia, Siria, Roberto (Papo) y quien esto escribe.
Recuerdo, madre mía, cuando el 4 de febrero de 1988 me llamaste y me dijiste: Domingo; me estoy muriendo, y te digo que al hombre no le basta expresar que es honesto; hay que probarlo y el tiempo decide. No abandones tus luchas por los pobres humildes y por los Derechos Humanos.
Como a mí nadie me callará, sólo Jesús, porque me enseñaste también a tener dignidad, te escribo algunos de los párrafos de la misiva del 9 de enero del cursante año, dirigida al Director de este histórico Vespertino, Radhamés Gómez Pepín:
Jamás pensé que usted concibiera echar en un mismo saco a todos los estamentos de Derechos Humanos, especialmente a mi humilde persona sin mencionar nombres, y la institución que pertenezco, la cual goza de personería jurídica, reconocida mediante Decreto del Poder Ejecutivo, tal lo establece la ley.
Como quien calla otorga, no debo jamás silenciar los conceptos del mencionado Editorial, pues tengo 45 años de noble ejercicio profesional de la Abogacía, habiendo ocupando diversas funciones desde sirviente, mensajero, guardián, Procurador Fiscal en mi pueblo de San Cristóbal, Diputado electo, Secretario de Estado varias veces, Director de varias instituciones, y así mas de 30 años en la defensa de los Derechos Humanos.
Nunca hemos mancillado la ética profesional y mis manos, pudiendo probarlo, no se han manchado con el oro de la corruptela ni el soborno, no usando diatribas para nadie, porque también soy educador, maestro por antonomasia; no perfecto ni infalible sino con imperfecciones como todos los ciudadanos, falible, no erudito, que exhortamos a los llamados todólogos y presuntos santos a observar las frases de Jesús ante la Magdalena cuando fue acusada por ricos de la época y a quienes el les dijo: Aquel de vosotros que este libre de pecados, que arroje la primera piedra.
La entidad que pertenezco no recibe beneficios económicos del Gobierno ni entidad privada Nacional o extranjera. (Hasta aquí los breves párrafos).
Madre mía he cumplido tus mandatos. ¡Bendición mamá! Gracias por el dechado virtuoso que nos dejaste. Por eso recibes celestialmente esta carta y el compromiso indeleble de nunca herir tu memoria, siguiendo tus huellas y morir como tú, abrazado al honor, la verdad y el amor aun en medio de tantas injusticias, mentiras y desengaños.
Termino con las frases de Lincoln: Todo lo que soy o espero ser, se lo debo a la angelical solicitud de mi madre, y yo agrego a Cristo y mis adorados tíos Doña Luz, Celeste, Gloria, Thelma, Luis, Domingo (Gambao), Gladys (Ninina), César (Pinguí), y Bulún, entre otros familiares y sinceras amistades.
¡Adiós nuevamente, y hasta pronto, madre mía!

