Papi, ¿recuerdas que hemos comentado en algunas de nuestras conversaciones de sobremesa, de cómo los dominicanos siempre nos hemos caracterizado por hablar mucho de política, desde el colmadón hasta en las salas de conferencias en Casa de Campo? Todo el mundo habla de los últimos acontecimientos políticos, al punto de que hoy en día los dominicanos en general nos ufanamos de ser conocedores o peritos de política.
Pero sabemos que encontrar dominicanos que sepan por lo menos cinco de sus derechos civiles consignados expresamente en la Constitución, o alguien que pueda diferenciar a un nacional de un ciudadano y a un ciudadano de un contribuyente, es una tarea casi imposibe. Entonces, ¿qué exactamente es lo que saben los dominicanos de política? La política dominicana es muy similar a cualquier novela, juego o película de mafias. Los partidos políticos son familias que se disputan el control de un territorio o negocio. Se producen muchas intrigas dentro de las familias, disputas internas por el control y lograr el título de padrino, la compra de lealtad de miembros de otros bandos, acuerdos entre familias en algunos puntos para conservar la paz, etc.
Entonces nos pasamos buena parte del tiempo debatiendo y haciendo conjeturas de cómo va a progresar la novela o película, y a eso llamamos hablar de política. Los que suelen pegar como progresa la historia, son luego considerados los peritos del tema.
Por lo anterior es que nuestras elecciones se convierten en lo que a las familias les venga en ganas. Pueden darse el lujo de designar candidatos a puestos electivos y a su propia cúpula directiva en base a encuestas, y sin ruborizarse luego venir a querer dar cátedras de democracia; o que por igual personas puedan ser electas a puestos públicos sin siquiera tomarse un segundo del año y pico que duran en campaña, para hacer una propuesta concreta al puesto que pretenden obtener.
La realidad es que los dominicanos sabemos mucho de novelas, y nada en lo absoluto de política, por lo que no sorprende que al perito promedio y al general de nuestros políticos términos como: rendición de cuentas, riesgo moral, conflicto de interés, bien público y bien privado les pasen por encima de la cabeza como si estuviéramos hablando de física nuclear.
Con sobradas razones hace unos años dijiste estar decepcionado de que en el país no se impartiera o aplicara materia de moral y cívica en las escuelas.
Pero, no es que no la impartan, porque en mi tiempo yo tuve que cogerla. Es que a lo que llaman educación moral y cívica es a incesantes dictados y pruebas sobre la Bandera, el Himno, la composición del Estado y algunas funciones públicas.
Estoy seguro que si a todos en vez de clavarnos hasta el cansancio el que del Estado, se nos hubiera obligado a pensar el porqué, para qué y el cómo, el país no fuera protagonista inagotable de lo que parece una eterna película de mafiosos.

