Un acto de graduación
Señor director:
En ocasión de apadrinar a Victoria Altagracia Bautista Pérez, graduada de bioanalista, asistí el pasado 25 de febrero a un acto de investidura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y he decidido compartir la experiencia.
La organización y desarrollo acusó notoria debilidad. Convocaron a los graduandos para las 2 de la tarde, pero fue a las cuatro que iniciaron con poco orden el desfile de graduación bajo el techo de un sol con baterías nuevas.
Con la llegada de las autoridades, pasadas las 5, comenzó el acto dirigido a 1,500 graduandos e igual numero de padrinos y madrinas y el consabido público. Dos damas bien calificadas conducían el evento, libre de caos hasta el turno de los discursos protocolares: el del graduando de más alto índice.
Dicho graduando, quien trabaja en esa universidad, lucía visiblemente emocionado, y dijo un discurso excesivamente largo, provocando que sus compañeros perdieran el interés de escucharlo.
Lo mismo aconteció con el rector, doctor Franklin García Fermín, quien, consciente de que era su último discurso en una ceremonia de graduación durante su gestión, se extendió demasiado, pues el nuevo rector tomaría posesión 48 horas mas tarde.
Lo peor fue ver a graduandos y graduandas irrespetando el Himno Nacional durante su entonación, al principio y al final del acto, pero la nota agravante estuvo en percibir a graduandos de la carrera de Educación incurriendo en ese anticívico comportamiento, lo cual anuncia, previo a juramentarse, que serán modelos de enseñanza negativa.
Más del 30% de los graduandos, padrinos y madrinas abandonaron el escenario en medio del discurso del señor rector de la UASD. De esa proporción, la mitad se retiró sin juramentarse y, claro, sin recibir unas orientaciones finales anunciadas por las eficientes conductoras del evento.
Esa conducta cuestionable es parte de la descomposición social que vive el país, y el desprecio por los valores humanos, entre ellos los valores cívicos.
Opino que las autoridades de la UASD deben considerar nuevas opciones que tiendan a reducir la alta masificación en las graduaciones que vienen realizando dos veces al año. Lidiar con 1,500 graduandos e igual número de padrinos y madrinas, siempre será difícil de controlar.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

