El PRSD
Señor director:
Sin partidos políticos no puede hablarse de democracia. Para que reine la democracia tiene que haber elecciones, un ejercicio que sólo es posible con la participación de organizaciones que postulan no sólo candidatos, sino programas de gobierno. Pero los partidos, por diferentes causas, han entrado en crisis. Antes que sentirse atraída, la gente recela de los partidos por las promesas incumplidas, el enriquecimiento ilícito, el endiosamiento de sus dirigentes, el abuso de poder y otras deplorables prácticas.
En República Dominicana los partidos ideológicos, con propuestas sobre el papel del Estado frente a la salud, la educación, el desarrollo y el progreso, se han extinguido. Más que de partidos, puede hablarse de maquinarias electorales cuyo único propósito es instalarse con criterios personales, siempre al más alto precio para la nación.
El Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) tiene otra filosofía. Lo primero es que su ideología está definida: socialdemócrata, inspirada en la justicia social y el socialismo democrático.
Como líder del PRSD, el licenciado Hatuey De Camps se ha propuesto construir un partido normado por una filosofía. No por las adhesiones que se basan en el reparto del patrimonio publico. El PRSD no es un partido para buscar cargos públicos ni enriquecer a sus dirigentes, sino para luchar por proporcionar a la población una vida mejor y llena de esperanza.
Gracias a esa filosofía y al trabajo sin descanso de sus dirigentes, el PRSD es un partido diferente, que crece en cantidad y calidad. Que no ha caído en el descrédito que afecta a los llamados principales partidos tradicionales. No es ocioso reconocer que el arribismo ha marcado la defunción de organizaciones que hoy pudieran estar desempeñando un papel más relevante en la vida pública. Otros no han podido crecer porque su praxis ha sido arrimarse al que más recursos mueven en la lucha por el poder.
El PRSD trabaja para llenar el vacío que han dejado los partidos políticos. No importa el tiempo que se tome, pero de lo que puede estarse seguro es de que, como una semilla que se siembra en terreno árido, pero con las técnicas y la tecnología que requieren las circunstancias, un día pretenderá. No será ningún milagro, sino el resultado del trabajo.
Atentamente,
Rafael Cordero Díaz
Santo Domingo

